Por Anibal Gutiérrez 

En marzo del año 2002, poco más de dos meses después de asumir la presidencia argentina, Eduardo Duhalde dijo una frase de esas que quedan para siempre en los anales de los comentarios ridículos de los funcionarios públicos: “Argentina es un país condenado al éxito”.

La frase sonaba fuera de lugar en un país que pasaba su mas profunda crisis política, económica e institucional de la que tuviera memoria. El final del gobierno en Diciembre de 2001, dejando decenas de muertos detrás, cinco presidentes en una semana y la imagen de miles y miles golpeando las puertas de bancos cerrados reclamando la devolución de sus ahorros, se parecía a cualquier cosa menos al éxito.

Esa fue una más de las muchas crisis que vivimos en las ultimas décadas. Golpes militares que cercenaban la voluntad popular, represión, censura, crisis económicas, devaluaciones, cambios de moneda, desempleo e inequidad fueron habituales desde la primera parte del siglo XX.

No fue original la Argentina dentro de nuestra región latinoamericana. Las crisis sucesivas fueron comunes y habituales desde México al Sur. Las preguntas que aparecen entonces es por qué parecen no tener nunca fin, y qué es lo que en otros lugares del planeta hacen o tienen para no tropezar recurrentemente con la misma piedra. Incluso dentro de la misma latinoamerica por qué hay países que han podido salir, o no han ingresado nunca, del camino del atraso de la mayoría como Uruguay, Chile o Costa Rica.

Los tres países nombrados en el párrafo anterior son los que habitualmente encabezan todas las mediciones que se hacen en la región sobre calidad democrática, limites a la impunidad y plena vigencia de las libertades individuales y de los derechos humanos.

Es difícil pensar que lo que los diferencia del resto de sus vecinos tiene que ver con su edad como naciones, sus riquezas naturales o de dónde provienen quienes poblaron sus territorios, ya que el proceso independentista en la región se produjo durante pocos años a inicios del siglo XIX y la presencia de la corona española fue casi exclusiva entre quienes vinieron a conquistar esta parte del mundo.

En cuanto a riquezas naturales no hay una gran diferencia entre las que tienen cada uno de los países, y ademas, los tres nombrados son de los mas pequeños (geográficamente hablando) de la región.

La diferencia que existe entre Chile, Costa Rica y Uruguay respecto del resto de los países latinoamericanos está en el respeto y la persistencia en la construcción de instituciones de la democracia.

En algún momento de sus historias la dirigencia de estos tres países decidió que lo mas importante era construir instituciones fuertes, respetuosas de los ciudadanos, con real vocación de servicio y que tuvieran como fin último el desarrollo de ciudadanos plenos de derechos y obligaciones.

El primero fue Costa Rica que inicia este proceso en 1948 cuando el entonces Presidente José Figueres decide abolir el ejercito porque no quería un ejercito de soldados sino uno de educadores.

Mas acá en el tiempo, Chile y Uruguay decidieron después las oscuras noches vividas en dictadura que era el momento de construir instituciones solidas e integradas por ciudadanos honestos y comprometidos con el servicio publico.

El resto de los países latinoamericanos parece que hemos quedado un poco relegados en esta carrera por el desarrollo. La muerte de decenas de niñas en un incendio en un hogar de acogida en Guatemala y los muertos en un concierto de un músico de rock en Argentina el ultimo fin de semana, parecen demostrar que las instituciones están lejos de cumplir con el rol que deben cumplir.

Si seguimos el ejemplo de los mejores entre nosotros, ya sabemos lo que debemos hacer. Educar y formar instituciones fuertes es el camino que debemos empezar a recorrer.

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