Por Alejandro J. Lomuto

La situación de Venezuela es crítica por muchos motivos y también por el humanitario, tal como lo refleja el informe anual de la organización Amnistía Internacional correspondiente a 2016, que fue presentado la semana pasada. Aquí, la mirada del director de Amnistía en Venezuela, Marcos Gómez, en conversación con IDEAS & PROTAGONISTAS.

¿Cuál es la dimensión de la crisis humanitaria de Venezuela?

La crisis humanitaria de Venezuela es compleja desde el inicio porque el propio gobierno no la entiende como una crisis humanitaria. El gobierno considera que hay una emergencia económica. Claro: todas las emergencias económicas afectan a la gente. El gobierno, al desconocer que la caída de los precios internacionales del petróleo no solo impacta en su capacidad de mantenerse popular sino en la vida del venezolano diario, lo convierte en un asunto de extrema gravedad para la gente. Y la mayoría de las medidas adoptadas son repetir lo mismo que ha fracasado: cortar la capacidad de la sociedad civil de participar en la solución de los problemas. Eso es un tremendo error. Por otra parte, el efecto de la crisis es que tenemos enfermos graves que no tienen medicamentos. Gente con cáncer, con sida. Y estamos viendo un incremento de estudios con resultados negativos sobre la lucha contra la pobreza. Esto quiere decir desnutrición, niños que se retiran del colegio porque no tienen cómo comer, personas que reportan que están comiendo una o dos veces al día, y todo esto en un caldo de cultivo que tiene Venezuela muy peligroso, que es la violencia armada. Entonces, el resultado es que la violencia interpersonal está creciendo.

En comparación con otras crisis de la propia Venezuela, ¿esta es la más importante, la más grande?

Sí. Otros momentos de crisis que ha tenido Venezuela no han tenido este componente de “nosotros contra ellos”, “salvo a mi gente, sálvense ustedes”. Esto va a ser muy castigado por la historia. La respuesta para esto no está en el liderazgo actual. Debe ser una respuesta de acuerdo nacional, con la participación de todos. Pero tampoco se puede hacer un acuerdo nacional sin confianza. ¿Cómo vas a decirles a los empresarios: regresen, por favor, vuelvan a invertir su propio dinero, el ahorro que tienen para sus hijos, después de las expropiaciones, de señalarlos como enemigos?

Venezuela tiene una matriz productiva excesivamente dependiente del petróleo, que no es exclusiva del chavismo sino que viene de antes. ¿Se debate la conveniencia de diversificarla o no se habla de eso?

Como país monoproductor estamos sometidos al patrón de los ciclos de vacas gordas y ciclos de vacas flacas. De hecho, en Venezuela existe una ley, que es superimportante cumplirla y que obviamente no se cumple, que es la que creó el Fondo para la Estabilización Macroeconómica [promulgada en noviembre de 2003 por el presidente Hugo Chávez]. Creo que hay dos grandes fenómenos que debatir en materia económica. Uno es la falta de transparencia en el gasto público. Tiene que haber un presupuesto que tenga un monto exacto de meta de ingresos y que vigile el gasto público. Y esto no ocurre. Cada vez que la gente aplaude porque hay una inversión grande, por ejemplo en nuevos aviones de combate, estarán muy felices los rusos pero nuestros nietos no van a estar felices. El otro es la hipoteca que tenemos con China, que va a tener un costo importante en los próximos años y en la propia solución de esta problemática por la que estamos pasando. El gobierno chino es dueño del petróleo a futuro, porque fueron desarrollados unos acuerdos de venta casi que en corto plazo, que le impide un poco el manejo del gasto corriente al país. Venezuela no solo tiene una súper deuda externa sino que se gastó las reservas que tenía que tener para estabilizarse y también las reservas internacionales. Las reservas internacionales están casi en lo mínimo operativo para sostener el país. Las usaron para el gasto corriente. Las usaron para importar y mantener este dólar de la superfantasía. De la fantasía y de los privilegiados de ese dólar de 10 bolívares, que seguro van a ser de los grandes millonarios de Latinoamérica.

¿La situación humanitaria en Venezuela fue en 2016 mejor, igual o peor que en los últimos años? ¿Hay en Venezuela una tendencia al deterioro de la vigencia de los derechos y las libertades?

Fue un año bien interesante en el sentido de avance. Se produjeron algunas cosas que no habíamos visto en años anteriores. Salieron tres sentencias fundamentales que causaron mucha conmoción en el país, todas ellas por casos de personas muertas en el contexto de las manifestaciones de protesta de 2014. También se liberó a varios prisioneros de conciencia. Algunos de ellos estaban desde 2014. Lo malo es que se haya usado como excusa el diálogo político, porque es una obligación que toda persona detenida en forma arbitraria debería estar libre y no se la puede estar usando como ficha de canje.

Pero también hubo en 2016 dos masacres, algo que no era usual en Venezuela.

Pero las dos se aclararon. En un caso [en Tumeremo, en el estado Bolívar, fueron asesinados 28 mineros en marzo del año pasado] se creía que habían sido militares y al final se descubrió que no y se descubrieron las responsabilidades exactas. Y en el otro [en octubre pasado, en Barlovento, estado Miranda, en un operativo de tropas militares fueron detenidas 20 personas; ocho fueron liberadas seis días más tarde y los restos de las demás aparecieron un mes y medio después en una fosa común], también se identificó y se procesó a los responsables. Eso marca un cambio. De todos modos, nos preocupa que esas prácticas de guerra sucia algún día puedan ser traídas a la vida política. Eso complicaría tremendamente el ambiente de Venezuela.

¿De alguna manera no está aplicando ya elementos de guerra sucia el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin)?

No en materia de ejecuciones ni desapariciones. Afortunadamente, la guerra sucia al estilo de lo que vimos y lamentamos en otros países, y ante lo que el mundo reacciona con mucha fuerza, no es una práctica común en Venezuela. Lo que sí es definitivamente común es la detención arbitraria. Detienen a quien quieren, le siembran lo que sea. Te capturan que parece un secuestro, sin testigos, sin orden judicial. Te dicen que tienes unos artefactos explosivos, te toman sin testigos, te dejan totalmente aislado. Es una práctica sistemática que estuvieron haciendo muy frecuentemente y perfeccionándola. Antes detenían a las personas y decían que habían sido denunciadas por patriotas cooperantes (testigos anónimos). Luego te sembraban cosas, tratando de inhabilitar cualquier defensa. Después, que el Sebin no te suelta aunque haya una orden judicial. Cuando todo esto se empezó a agotar, salieron con un cuarto patrón: te procesan en tribunales militares. Claro: los militares simplemente tienen que obedecer órdenes. Sería inaceptable que ese patrón se adopte como forma de control político.

Fuera de casos de gran repercusión, como los dirigentes políticos Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, o la jueza María Lourdes Afiuni, ¿hay algún otro caso de detención arbitraria con riesgo para la vida del detenido?

El de Marcelo Crovato, un abogado nacido en la Argentina, defensor de derechos humanos de la ONG Foro Penal Venezolano. Estaba defendiendo a un vecino que estaba siendo allanado. Lo llevaron como testigo y ahí se quedó [abril de 2014]. Lo llevaron a una prisión de altísima peligrosidad [Yare III], el caso quedó en un limbo. Él, desesperado, intentó suicidarse. En vez de darle la libertad, le dieron prisión domiciliaria. Y está sin posibilidades de un tratamiento adecuado para la enfermedad que tiene. Hasta ahora no ha tenido juicio.

¿En qué medida afectan la situación de los derechos humanos asuntos tales como la postergación de procesos electorales, la denegación del referendo revocatorio, el avance del Poder Judicial sobre el Legislativo, la militarización del gobierno y el avance de la detención arbitraria de opositores?

Esto es como si tuvieras una enfermedad mortal y no siguieras la receta médica. El gobierno debería ser el principal interesado en que Venezuela tenga una buena calificación y el propio gobierno la tenga. Venezuela no puede ponerse en marcha sin inversiones, sin financiamiento, sin una Asamblea Nacional que represente a todo el país. No puede garantizar transparencia, no puede generar confianza, no puede aprobar préstamos. Incluso, no puede ser más eficiente. Cuando la gente se siente sin futuro, busca formas primitivas de solución, formas primitivas de organizarse. Esto lo hemos visto en otros procesos muy dolorosos de Latinoamérica.

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