Por Anibal Gutierrez

La región latinoamericana es la más violenta del mundo. Según la Organización Mundial de Salud el crimen y la violencia se encuentran en niveles epidémicos, ya que se registran el tercio de los homicidios del mundo, seis de cada diez robos involucran violencia, y el 90% de los asesinatos no son resueltos.

Esta realidad insume una gran cantidad de dinero tanto público (policía, justicia, sistemas penitenciario), como privado (en hogares y empresas). A ellos debemos sumar el costo social del crimen por la victimización en términos de pérdida de calidad de vida por homicidios y otros delitos violentos, así como el ingreso no generado por los privados de libertad.

Según un estudio presentado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hace pocos días, el costo del crimen asciende a 3.55% del PIB de la región, lo que equivale a 260.000 millones de dólares.

Este monto es casi idéntico al que la región gasta anualmente en infraestructura, sería suficiente para duplicar los gastos en niñez, o suficiente para mitigar la crisis alimentaria mundial y terminar con el hambre por 5 años.

En los 17 países que evalúa el informe se observa que los países con los mayores costos relacionados con el crimen son Honduras y El Salvador con más del 6% del PIB, mientras que uno de los más bajos es Uruguay con poco más del 2%.

También se analizan los costos asociados a las altas tasas de encarcelamiento vigentes en la región. Para el periodo 2010/14, se gastaron 6.500 millones de dólares en mantener y construir establecimientos carcelarios, a lo que debemos sumar que las personas privadas de libertad dejan de generar ingresos por 7.300 millones de dólares anuales.

Los dos números juntos representan el 0.39% del PIB regional, más que la totalidad de las transferencias monetarias condicionales que los gobiernos destinan a la población de menores recursos.

Por último, el informe aborda los costos de la violencia contra la mujer, concluyendo que la tasa de homicidios femeninos en la región es el doble del promedio mundial.

Según la OMS, el 29.8% de las mujeres en América Latina y el Caribe han sufrido violencia física o sexual durante su vida.

Alrededor del 10% de las víctimas de homicidio en la región son mujeres lo que significa la tasa más alta del mundo en comparación con otras regiones (4.3 por 100.000 mujeres contra 2.3 por 100.000 que es el promedio mundial).

Estos altos niveles de homicidios se traducen en altos costos. Si se estiman los ingresos perdidos por las mujeres que fueron víctimas de homicidio, el costo regional es mucho más alto que el de los países desarrollados (el doble que el de Australia por ejemplo).

Los números son muy elocuentes. Pero no debe perderse de vista que detrás de cada estadística hay víctimas y personas que sufren. Estos números deben servir para que los gobiernos elaboren y ejecuten políticas públicas más efectivas que no sólo significarán mayor seguridad para la población, sino que también se traducirán en una gran cantidad de recursos que podrían ser destinados a mejorar sustancialmente la calidad de vida de todos aquellos que viven en esta parte del mundo.

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