Por Anibal Gutierrez

Así titulaba el sociólogo guatemalteco Carlos Guzmán Bockler uno de los más importantes títulos de su fundamental legado literario.

La semana pasada, a los 86 años, murió el patriarca de la sociología guatemalteca.

“Guatemala: una interpretación histórico-social”, junto con el del título de esta columna, son dos obras fundamentales para entender la realidad de ese país centroamericano.

Publicó en el año 1986 “Donde enmudecen las conciencias” en México, país al que pudo escapar y en el que se refugió durante los años más cruentos del conflicto armado que asoló a Guatemala.

Regresó después de la firma de los Acuerdos de Paz, y vivió sus últimos años en su casa de Santiago Sacatepéquez, cerca de la Antigua Guatemala, y de su biblioteca de más de 15.000 volúmenes que donó al Centro de la Cooperación Española.

Fue profundo en sus análisis y contundente en sus posiciones. En “Guatemala: una interpretación histórico-social” se diferenció de la ortodoxia marxista y sostuvo que las grandes contradicciones de la sociedad guatemalteca no podían enmarcarse entre burguesía y proletariado, sino entre ladinos e indígenas, mostrando un componente de discriminación racial que aún hoy subsiste.

Esto le valió la calificación de comunista para la extrema derecha, pero también el repudio de la izquierda incapaz de asumir una mirada distinta y local de la realidad.

Era pesimista respecto de la realidad de Guatemala hoy. La permanente corrupción política lo llevaba a sostener que el futuro del país era completamente incierto.

A pesar de ello, creía en los jóvenes como agentes de cambio. El ejemplo de la Revolución del 44 siempre estaba presente. Arevalo y Arbenz tenían menos de 40 años cuando asumieron la Presidencia, y los Diputados de esos periodos, 26 años en promedio. Creía que por allí vendría el cambio hacia un sistema más justo e inclusivo.

Tuve el inmenso honor, como otros que me dieron los inolvidables años vividos en Guatemala, de conocer, escuchar y admirar al maestro Guzmán Bockler.

Era, siguiendo a Brecht, uno de los imprescindibles. Con su partida el mundo pierde densidad y pensamiento.

Anuncios