Por Aníbal Gutiérrez

Hace quince días nos enteramos, horrorizados, lo que sucede desde hace por lo menos una década en el Instituto Antonio Próvolo para niños sordomudos ubicado en la Provincia de Mendoza. Violaciones y abusos sexuales sucedían en este Instituto perteneciente a la Iglesia católica y por el que ya están detenidas cinco personas, entre ellas dos sacerdotes.

En la Argentina los primeros cuatro miembros de la Compañía de María para la Educación de Sordos y Mudos llegaron en 1914 y fundaron, tomando el modelo iniciado en Italia, el Instituto Antonio Próvolo. Desde 1995 existe el mismo Instituto en la ciudad de Luján de Cuyo en la Provincia de Mendoza.

En el estudian niños y niñas de bajos recursos, o de lugares lejanos, de entre 6 y 17 años de edad y que eran sometidos a todo tipo de vejámenes en un sitio al que llamaban “El lugar de Dios” ubicado detrás del predio en el que se dictaban clases.

Aprovechándose de la discapacidad de los menores, los detenidos los sometían a todo tipo de actos aberrantes.

Uno de los detenidos es un cura quien ya había sido denunciado por abusos sexuales en la ciudad de Verona, Italia, en 1984. En ese momento, lo “castigaron” trasladándolo al instituto en Argentina.

Según los investigadores podrían ser aproximadamente sesenta los casos existentes y se está procurando que víctimas y testigos puedan vencer años de miedo y declaren en la causa iniciada.

Habrá que ver si nuestra justicia se redime y demuestra que está a la altura de lo que la sociedad reclama, lo que hasta ahora no ha sucedido, sobretodo en los casos vinculados a la corrupción publica. 

Qué es lo que reclama la sociedad? simplemente que los culpables paguen por los hechos cometidos. Algo aparentemente sencillo pero difícil de alcanzar en estos años en la Argentina.

Mientras tanto el Vaticano, y su Jefe de Estado, guardan silencio respecto de lo ocurrido.

Su voz parece lejana, y muy poco preocupada, por las víctimas que sufrieron las consecuencias de un sistema que mientras mudaba de país a los sospechosos les garantizaba impunidad.

Como dice una conocida canción:

Quién se hace cargo de ese pecador

Yo les deseo mil noches de espanto

Que sienta miedo el cura violador.

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