Por Daniel Casas

La nueva coalición que el último viernes mostraron en sociedad la CGT y los movimientos sociales, con la omnipresente bendición papal, tiene un objetivo político electoral oculto detrás de la innegable necesidad de los sectores más desprotegidos de la población.

En una rara interpretación de aquella consigna del Mayo Francés que planteaba que “seamos racionales, pidamos lo imposible”, los popes de la CGT y los líderes de los movimientos sociales decidieron unir fuerzas para reclamar la sanción de una inviable Ley de Emergencia Social y Laboral con el evidente objetivo de que el gobierno de Mauricio Macri pague el costo político de tener que usar el veto presidencial si no puede evitar que Diputados le de sanción definitiva. Aunque parece que sí podrá evitarlo.

Así, “burócratas” adinerados y “piqueteros” pobres, que eran los calificativos despectivos con que se aludían entre sí hasta hace un par de meses, se unieron bajo el contenedor genérico de la crisis social para advertirle al gobierno que el año electoral comenzará con un verano caliente.

Si bien no es un dotado en oratoria, el triunviro de la CGT Carlos Acuña fue el que expuso con mayor claridad en el acto del viernes las razones borgianas de esta entente. “Tenemos que ser concientes de que los desocupados de hoy antes fueron trabajadores que perdieron sus puestos, y que si no hacemos algo van a ser cada vez más”, dijo.

A espaldas de Acuña aplaudían los representantes de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) -uno de sus dirigentes, Juan Grabois, es consultor del Vaticano-, Barrios de Pié y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), junto a dirigentes de la más tradicionales y poderosos gremios de la CGT como Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri y el integrante de la conducción cegetista y diputado por el Frente Renovador, Héctor Daer, quien fue el orador de fondo.

El proyecto de ley que la oposición intentará que se apruebe esta semana en Diputados establece en su artículo 2° la obligatoriedad para el Gobierno de crear un millón de puestos de trabajo, que se organizarían a través de cooperativas de trabajo, y también prevé la incorporación al sistema de salud de toda esa gente. Todo este movimiento implicaría, según las estimaciones que se hacen en el Gobierno, un incremento del déficit fiscal de al menos un punto del PBI, pero la iniciativa no prevé cómo se financiará ese incremento del gasto social.
Y en el comienzo de esta semana, Grabois, volvió a meter presión al asegurar que “están dadas las condiciones para que en diciembre haya un estallido social” motorizado por “las mafias de punteros, narcotraficantes e incluso policías” bonaerenses que están en abierta confrontación con el gobierno de María Eugenia Vidal.

De paso, el dirigente despegó al papa Francisco de todo este aquelarre al asegurar que “no tiene nada que ver” con el proyecto de emergencia social.

Detrás de esta foto hay sectores del peronismo que aunque no pueden definir su interna en busca de un liderazgo saben que la recesión economía es el talón de Aquiles del oficialismo, que no tiene ni tendrá respuestas sólidas mientras las ansiadas inversiones se sigan demorando. Y esta nueva alianza de sindicalistas y desocupados no es un buen aliciente para atraer capitales.

La iniciativa, que tienen media sanción del senado, fue elaborada por los senadores Juan Manuel Abal Medina, del Frente para la Victoria integrado al Movimiento Evita, y por Jaime Linares, que integra el GEN de Margarita Stolbizer, una ex radical que apunta como aliada electoral del Frente Renovador de Sergio Masa, que intenta pescar en este río revuelto. Otro actor fundamental en este esquema es el senador Miguel Angel Pichetto, que articula las negociaciones entre todos los sectores, incluido el que lidera el también ex funcionario kirchnerista Diego Bossio, quien ya anunció que respaldará la iniciativa en la Cámara baja.

En este mapa el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, que integra el staff del Frente Renovador, dejó de lado su habitual prudencia y se dedicó a apagar el fuego con nafta. “Este modelo requiere endeudamiento y termina en un colapso”, advirtió en un tono apocalíptico que recuerda más a añejas declaraciones de Domingo Cavallo que al economista equilibrado que acompañó a los presidentes Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner en la compleja salida de la crisis que implosionó en diciembre de 2001.
El gobierno intentará capear el temporal negociando con los gobernadores y con algunos anuncios que buscan descomprimir el frente social, como una actualización de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y de algunos planes sociales, como el Argentina Trabaja, y también se habla de un bono de fin de año. Todo en plena negociación en la mesa del diálogo social, de la que participan el Gobierno, los gremios, las organizaciones sociales y la comisión de Pastoral Social del episcopado.

Pero como si faltaran elementos, Macri sorprendió a propios y extraños cuando en la mañana del último lunes agregó un nuevo elemento de conflicto al proponer que la mesa de diálogo social incluya el tema de la renovación gremial.

“Necesitamos que los gremios también se renueven, que tengan la capacidad de pensarse y, tal vez, hay que pensar si los mismos dirigentes que han conducido gremios en los últimos 20 o 30 años, se están dando cuenta de esta necesidad”.

No sólo eso, sino que el Presidente también habló de la necesidad de rediscutir “todos los convenios laborales” en vigencia “porque estamos en el siglo XXI y no podemos seguir aplicando convenios del siglo XX” porque así “lo que hacemos es debilitar los puestos de trabajo que tenemos”.

Todo muy cierto desde la teoría, pero es obvio que les está pidiendo a los sindicalistas no sólo un cambio de cultura sino que dejen libre a la gallina de los huevos de oro que tienen atada desde hace décadas y, como decía una añejo refrán español “bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero”.

Estamos transitando una primavera climatológicamente rara, con más días de otoño que de calor. Pero con todos estos elementos, huelga decirlo, el inminente diciembre se anuncia como un caliente anticipo del año electoral que se avecina.

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