Por Alejandro J. Lomuto

La entrevista de Nicolás Maduro con el papa Francisco y el anuncio de que dirigentes del oficialismo y la oposición iniciarán un diálogo este domingo dieron ayer un aparente respiro a Venezuela. Significan tal vez la última oportunidad de evitar un estallido social luego de que el chavismo ratificara que no habrá referendo revocatorio antes del 10 de enero y el parlamento con mayoría opositora declarara que el gobierno quebró el orden constitucional y se convirtió en una dictadura. Sin embargo, si se analizan hechos y reacciones de los últimos días, así como algunos antecedentes, esa chance parece demasiado débil para impedir el desastre.

La escalada de hechos de los últimos días llevó al país al borde del abismo. Primero, el Consejo Nacional Electoral (CNE) suspendió la recolección de firmas para impulsar el referendo, prevista para esta semana. La medida se fundó en fallos de tres tribunales regionales que anularon una etapa anterior del trámite para la consulta. El CNE y el Poder Judicial están bajo férreo control del chavismo. La oposición respondió con un llamado a protestar mañana en las calles.

El sábado, la llegada a Caracas del enviado del Papa, el obispo suizo Emil Paul Tscherrig ‒nuncio apostólico en la Argentina‒, reflotó la posibilidad de un diálogo entre chavistas y opositores cuando ya parecía definitivamente archivada.

Pero el domingo, la oposición echó más leña al fuego: gracias a su mayoría, logró que la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) declarara “la ruptura del orden constitucional y la existencia de un golpe de estado cometido por el régimen de Nicolás Maduro”, y exhortara al pueblo a ejercer “la defensa activa, constante y valiente” de la “carta magna, de la democracia y el estado de derecho, hasta lograr la restitución del orden constitucional”. La sesión debió ser interrumpida por el ingreso en el hemiciclo de decenas de simpatizantes chavistas.

Varios hechos sucedidos entre el domingo y ayer lunes abonaron la sensación de que todo estaba perdido:

  • En la cárcel militar donde está preso desde hace más de dos años y medio, el líder opositor Leopoldo López recibió al panameño Martín Torrijos, uno de los tres expresidentes que desde comienzos de año buscan instalar un diálogo entre el chavismo y sus adversarios. “Le dije que no es posible luego de haber suspendido el referendo revocatorio y robarle a pueblo su derecho a expresarse”, reveló López en su cuenta de Twitter.
  • La sede del CNE en Barquisimeto, capital del estado Lara, fue atacada con bombas molotov.
  • Estudiantes protestaron ayer en las calles de Caracas y los estados Carabobo, Lara, Nueva Esparta, Táchira y Zulia. En la capital fueron reprimidos por la Policía Nacional Bolivariana (PNB). A un alumno, un uniformado le vació “un cartucho completo de perdigones” en la cara, según denunció el presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, Hásler Iglesias. En Táchira, policías locales lanzaron gases lacrimógenos y balas de goma, y usuarios de Twitter reportaron varios heridos.
  • Por el lado del oficialismo, su número dos, el capitán Diosdado Cabello justificó el asalto de la Asamblea. “El pueblo reaccionó ante el golpe de estado parlamentario y lo hará mil veces”, dijo. Y el influyente gobernador de Aragua, Tareck El Aissami, llamó “corrupto e incapaz” a su colega opositor de Miranda, Henrique Capriles, luego de que éste advirtiera que la protesta de mañana puede llegar a las puertas del palacio presidencial de Miraflores.
  • Las declaraciones de las figuras de la oposición no fueron más componedoras. La protesta de mañana en las calles “no será una toma de un día, será de manera constante hasta establecer el orden constitucional”, dijo el diputado Tomás Guanipa. “Los venezolanos no nos calamos más violaciones de todos los derechos fundamentales y ahora el golpe a no votar”, agregó Capriles. Tanto Capriles como Guanipa pertenecen al partido Primero Justicia (PJ), la agrupación más representativa dentro del sector moderado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). 

En ese contexto, Maduro fue recibido por el Papa y en Caracas se anunciaba el comienzo del diálogo. Estas conversaciones representan la última esperanza de encontrar una solución negociada para la grave crisis política, económica, institucional y humanitaria que sufre Venezuela. Pero no conviene sobredimensionar las expectativas sobre sus resultados. Veamos:

  • Aún no está del todo claro quiénes serán los delegados de las dos partes. Y eso es fundamental, puesto que tanto el chavismo como la MUD son en realidad dos conglomerados muy heterogéneos y el poder en ambos sectores está fragmentado. Si los elegidos por el oficialismo son, como todo parece indicar, Jorge Rodríguez, Elías Jaua, Roy Chaderton y tal vez el vicepresidente Aristóbulo Istúriz, no parece, por ejemplo, que las influyentes fuerzas armadas estén debidamente representadas.
  • Si no están representadas las fuerzas armadas, que además de influencia tienen participación protagónica en el gobierno, menos lo están amplios grupos ideológicamente ortodoxos del chavismo. Basta para ello leer varios de los artículos que publica el sitio web ultrachavista Aporrea, como los que firmaron Key Medina (“La crisis política se va a agudizar aun más. Veo a algunos personeros de la revolución celebrando esta sentencia y lo que ellos ignoran es que esta medida no es solo contra la MUD sino contra ellos también y, peor aun, contra la voluntad del pueblo.”) o Nicmer Evans (“¿Sería capaz un gobierno autoritario, antidemocrático, de derecha disfrazada de rojo, en minoría y con control de las armas atentar contra una mayoría activa? ¿Sería capaz una Fuerza Armada Bolivariana de tomar las armas contra el pueblo en nombre de la defensa de un gobierno autoritario y antidemocrático?”).
  • Más difuso aun es el panorama por el lado de la oposición. “El representante del papa Francisco habló en el comunicado que leyó de una situación que no existe; en Venezuela no se ha dado un proceso de diálogo”, dijo Capriles. “Creemos que hoy no están dadas las condiciones [para el diálogo] dada la persistencia del régimen en impulsar la confrontación sociopolítica, la persecución y el amedrentamiento contra todo aquel que piensa distinto”, sostuvo Voluntad Popular (VP), el partido de López. Capriles, la exdiputada María Corina Machado, el alcalde preso Antonio Ledezma y el alcalde David Smolansky tomaron distancia del diálogo al afirmar que se enteraron de él por televisión.
  • El último antecedente de un diálogo entre el chavismo y la oposición se remonta a las trágicas jornadas de 2014, cuando entre febrero y junio hubo protestas callejeras cotidianas que dejaron 43 muertos y 873 heridos ‒la mayoría de las víctimas, estudiantes opositores‒, además de 189 investigaciones por denuncias de violaciones de derechos humanos, según datos oficiales. Entonces, bajo el auspicio de un grupo de cancilleres sudamericanos y del Vaticano, se abrió una instancia de conversación. Duró apenas cuatro sesiones y la MUD la abandonó porque el gobierno no cumplió los compromisos asumidos en ellas.

A esta altura parece ya imposible que haya referendo revocatorio antes del 10 de enero, fecha en que si Maduro fuera removido debería llamarse a elecciones. Acaso es mejor que así sea, para evitar que surja una administración con muy baja gobernabilidad, según expuso ‒y reflejamos‒ dos semanas atrás una alta figura de la diplomacia regional. La mejor alternativa para ese análisis es un revocatorio posterior, cuando la probable salida de Maduro dé lugar a la asunción del vicepresidente ‒habrá que ser cuidadoso para elegirlo‒ y la conformación de un gobierno de transición.

El tiempo urge más que nunca. La mecha es cada vez más corta y, por lo tanto, la bomba está a punto de detonar. Que los delegados del chavismo para el diálogo no sean representativos de todos sus sectores de poder y que prácticamente todas las figuras influyentes de la MUD descrean de esas negociaciones no es precisamente un buen augurio.

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