Por Alejandro J. Lomuto

La reivindicación de la soberanía sobre las Malvinas es la coincidencia más extendida entre la mayoría de los argentinos. Por eso mismo, suele ser una obsesión para sus gobernantes, que imaginan que una eventual resolución favorable les garantizará votos y poder por mucho tiempo. Así, el tema suele ser abordado olvidando aquel consejo de Don Corleone: “No dejes que las emociones nublen tu juicio”. Sin ir más lejos, en menos de un año la administración de Mauricio Macri ya tropezó más de una vez con esa piedra.

La parte más reciente de esa historia comenzó en forma pública el 13 de septiembre, cuando los vicecancilleres de la Argentina y el Reino Unido, Carlos Foradori y Alan Duncan, se reunieron en Buenos Aires y emitieron el ya célebre Comunicado Conjunto que compromete a los dos países a impulsar “una agenda omnicomprensiva, multidimensional y multisectorial, basada en la complementariedad entre ambas naciones, orientada al fortalecimiento de la relación bilateral y a la búsqueda de soluciones de los problemas globales dentro de los marcos multilaterales que correspondan”.

Apenas una semana después, Macri cometió un desliz de principiante en el contexto de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al afirmar ante periodistas que la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, le había dicho, en un fugaz saludo, que estaba dispuesta a conversar acerca de la soberanía sobre los archipiélagos australes. Parecía improbable que así hubiera sido, y la desmentida británica no tardó en llegar.

Finalmente ‒hasta ahora‒, la semana pasada el gobierno argentino se sintió descolocado tras el anuncio del Reino Unido de que volverá a realizar en las islas, en estos días, ejercicios militares que incluyen el lanzamiento de misiles. La Argentina presentó el viernes una protesta “formal y enérgica” ante el embajador británico, y horas después la canciller, Susana Malcorra, dio declaraciones ambiguas sobre el tema. “Nos tomó por sorpresa, nos produjo pena, no ayuda a la creación de confianza”, dijo por un lado, aunque inmediatamente reconoció que esas maniobras “se hacen sistemáticamente hace más de 20 años” y “no se viene el mundo abajo por esto”.

No obstante, Malcorra puso la cuestión de las Malvinas en su verdadera dimensión al afirmar que la Argentina está “aún hoy viviendo las consecuencias de la guerra” de 1982. 

Esa guerra, provocada por la Argentina, puso fin a los 16 años más productivos en materia de aproximación a una solución de la antigua controversia. El asunto había comenzado a destrabarse a fines de 1965, cuando la Asamblea General de la ONU sancionó la resolución 2065, que reconoció la existencia de la disputa por la sobernía y exhortó a las partes a resolverla sin demora, además de encuadrar al caso como una situación colonial.

Por supuesto, expresiones como “aproximación” y “sin demora” tienen, en relación con la búsqueda de solución pacífica a querellas limítrofes o territoriales entre países, un significado muy diferente del que suelen tener cuando se refieren a asuntos políticos y electorales. Y parece razonable sumar a las consecuencias de la guerra las generadas por los vaivenes en la política diplomática dispuestos por los sucesivos gobiernos argentinos de 1983 en adelante.

Aquella aproximación cobró impulso a partir de otro célebre Comunicado Conjunto: el que en 1966 suscribieron los cancilleres Miguel Zavala Ortiz y Michael Stewart, y el ministro de Economía argentino, Juan Carlos Pugliese. Desde entonces y hasta ahora hubo otros instrumentos bilaterales, pero ningún otro se llamó Comunicado Conjunto. Tal vez por ese motivo, el de septiembre generó expectativas y críticas, según cada lector. 

Vicente Berasategui, diplomático de carrera hoy retirado, fue uno de los seis redactores ‒tres por cada parte‒ del Comunicado Conjunto de 1966 y embajador argentino ante el Reino Unido entre 2000 y 2003. Le pedí su opinión al respecto, y la siguiente es una síntesis de su respuesta:

  • “El comunicado de 1966 fue resultado de una visita de alto nivel, de nivel de canciller, y lo más relevante fue que por primera vez Gran Bretaña aceptó cierta terminología relacionada con la resolución 2065, que encomendó a las partes iniciar negociaciones teniendo en cuenta los intereses de los isleños”.
  • “Ese comunicado significó en la práctica iniciar 16 años de negociaciones y conversaciones, incluyendo en 1971 una aproximación por la cual se establecieron comunicaciones entre el territorio continental y las islas”.
  • “A partir de ese comunicado se inició un proceso de negociación en el que se habló fundamentalmente de la cuestión de soberanía. Después del conflicto armado de 1982, esto fue rechazado por todos los gobiernos británicos.”
  • “Se ha dicho que el Comunicado Conjunto de septiembre es en realidad una declaración de intenciones y principios, y que falta mucho y hay que empezar a trabajar sobre él. En ese caso, debería haberse elegido un título que explicara esto claramente, porque no lo está. No me parece que haya sido muy apropiada la asignación del título.”
  • “En 1971, la idea fue abrir las comunicaciones y facilitar el diálogo. Tuvimos vuelos que unían el continente y las islas. Ahora aumentan los vuelos desde terceros países con escalas en la Argentina. La situación actual se apoya en el precedente de 1999, cuando se restableció el servicio de Lan, y no en el de 1971.”
  • “Uno tiene la impresión de que en las islas hay resistencia a comunicarse con la Argentina, lo que demuestra que tienen una posición muy rígida que viene desde 1982 y que no tienen intención de modificar. Hay datos que apuntan a que la rigidez de los isleños no será modificada. Si queremos tener buenas relaciones, hay que facilitar el diálogo, no interrumpirlo.”
  • “Puedo entender que hacía falta un replanteo de la relación y que para eso hacía falta un comunicado conjunto. Lo que me preocupa es que ese comunicado no aclara suficientemente qué piensan los isleños. Después de la gran cordialidad con que conversaron Macri y James Cameron [el anterior primer ministro británico, en enero pasado, durante el Foro de Davos] hemos ido acumulando algunos pequeños incidentes que indican una posición muy dura de los isleños.”
  • “Creo que hay en el comunicado de septiembre una esperanza que no parece concretarse en la realidad. Esto es preocupante.”
  • “Hay muchas generalidades en este texto. Habría sido mejor que fuera más preciso. El comunicado de 1966 era muy directo y preciso, de pocas palabras. Y si una parte no prueba que quiere llegar a un arreglo, ¿para qué necesita un comunicado de cinco páginas?”
  • “Es cierto que hemos probado distintos cursos de acción que no han sido positivos, pero tampoco hay que irse al otro extremo. En la diplomacia se hace lo que se puede, pero se espera algo a cambio.”
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