Por Diego Barovero (*)

En 2016 junto con el bicentenario de la Independencia nacional se cumple un siglo del primer gobierno democrático surgido del voto universal secreto y obligatorio. Hipólito Yrigoyen  y la UCR, luego de más de 25 años de luchas cívicas, lograron la reforma política más importante del siglo XX que completó el proceso de organización constitucional al consagrar el principio democrático republicano y representativo.

La obra de gobierno de Yrigoyen es abrumadora: en materia internacional consagró principios fundamentales: neutralidad, no intervención en asuntos internos de otras naciones, autodeterminación de los pueblos, americanismo e integración. En el plano interno fundó más de tres mil escuelas, el analfabetismo descendió del 20% al 4%, impulsó la Reforma Universitaria, fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y propugnó la nacionalización del petróleo, sentó las bases de la Marina Mercante nacional y proyectó la creación del Banco Agrícola para fomentar la producción  agropecuaria y el Banco de la República como órgano de regulación financiera, fomentó la investigación científica mediante la creación de los institutos de la nutrición, del petróleo y del cáncer, impulsó las primeras leyes provisionales e instauró la jornada laboral de 8 hora, transformó el Departamento Nacional del Trabajo que comenzó a intervenir en el arbitraje de los conflictos, dictó el Código de Trabajo Rural, fomentó las organizaciones sindicales y su reconocimiento legal, decretó el pago de remuneraciones en moneda nacional y elevó el valor del salario real. 

Lo más sustantivo del pensamiento y la obra de Yrigoyen constituye un auténtico proyecto nacional democrático y reformista que tiene plena vigencia.  

(*) Vicepresidente Instituto Nacional Yrigoyeneano

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