Por Aníbal Gutiérrez

Henry Louis Mencken, conocido como el sabio de Baltimore, sostuvo a principios del siglo pasado que “Populista es aquella persona que predica ideas que sabe falsas entre personas que sabe idiotas”.

Lamentablemente la casi totalidad de los países de México al sur han sido, muchas veces y durante mucho tiempo, gobernados por líderes corruptos que amparados en una supuesta defensa de los que menos tienen, destruyen las instituciones básicas de la democracia.

Esto nos ha llevado a vivir en democracias de baja intensidad y poco republicanas. La igualdad ante la ley y la justicia para todos resultan una utopía, mientras empresarios, sindicatos y otras corporaciones aseguran sus posiciones de privilegio aliándose alternativamente con el poder de turno.

Esos liderazgos fueron tanto de derecha como de izquierda, civiles o militares, y llegaban al poder con discursos muy similares. Venían a defender a la democracia y al pueblo, y nadie mejor que ellos representaban los deseos y las necesidades del pueblo.

Así fue como muchas veces la existencia de ideas distintas, y la alternancia democrática pasaron a ser vistas como enemigas que debían ser desterradas.

La promesa de un futuro mejor, plagado de derechos que gozará el pueblo en su conjunto es habitual en estos casos. No importa si ello es imposible de cumplir, o si para hacerlo se hipoteca a muchas generaciones. Todo vale para mantenerse en el vértice de la pirámide del poder.

Pero para poder llegar, mantenerse y perpetuarse necesitan reducir los niveles y la calidad de la educación que recibe la mayoría de los ciudadanos.

La educación deja de ser una prioridad y una política de Estado. Los salarios docentes son vergonzosos y la infraestructura educativa muestra que no interesa un pueblo cada vez más educado, y por ende, cada vez más demandante y vigilante de la democracia.

Los rasgos descriptos en los párrafos anteriores han estado, o están, presentes en varios de nuestros países, de nosotros depende que vayan desapareciendo. Debemos estar atentos y defender, siempre, los valores y las instituciones de la democracia.

No importa desde que posición política lo hagamos, si lo hacemos con las herramientas que la republica nos brinda le estaremos cerrando las puertas a aquellos líderes que solo piensan en sí mismo y en su propia eternidad.

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