Por Daniel Casas

Algo funciona mal en el Ministerio de Seguridad a cargo de Patricia Bullrich. Ojalá sólo fuera un estilo comunicacional desprolijo, pero desde los primeros días de gestión del actual gobierno viene dando barquinazos con los anuncios, como si estuvieran mal informados a propósito para desnudar la improvisación o la impericia para conducir un tema complejo, con demasiadas aristas. No es cuestión de ponerse shakespearianos, pero algo huele a podrido en Seguridad.

La saga comenzó a fin de año, con la triple fuga del penal de General Alvear de los hermanos Cristian y Martín Lanatta y de Víctor Schillaci, cuando se apresuró a darlos por capturados, y hubo varios, como la detención de presuntos terroristas con bombas molotovs que resultaron apenas una banda de delincuentes comunes que quemaban coches, pero los últimos episodios fueron más graves y preocupantes.

El miércoles 7 de septiembre se informó sobre la detención en el aeropuerto de Ezeiza de Jalil al Mohamed, un libanés sospechado de ser el recaudador de Hezbollah, que naturalmente es buscado por la DEA y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos por tráfico de drogas y terrorismo.
El hombre, según se informó, quiso pasar por Migraciones con un pasaporte falso a nombre de Muhamad Jalil al Sayed pero fue detectado y detenido.

Al día siguiente Bullrich informó a través de la red social Twitter que “Al Sayed, sindicado como terrorista y con pedido de captura por narcotráfico detenido por @Migraciones_AR y @SeguridadPSA en Ezeiza”.

Y luego reforzó con otro twett que “La captura de ‘Al Sayed’ es fruto del trabajo conjunto del @MinSeg @SeguridadPSA y @Migraciones_AR”.

Luego de semejante captura, que permitía prever una conferencia de prensa con medios nacionales e internacionales y consultas de alto nivel entre Washington y Buenos Aires, todo el tema se sumergió de golpe en un llamativo silencio de radio y, como los antecedentes ya pesan, una sospecha comenzó a inquietar a los que buscaban más información.

La sospecha se hizo carne cuando comenzó a correr la versión, finalmente publicada por el matutino Ambito Financiero y nunca desmentida, de que el detenido se llamaba Mohamed Al Sayer (no Mohamad como el presunto recaudador de Hezbollah), que su pasaporte era legítimo, que no era libanés sino libio y que, si bien tenía un pedido de captura internacional nada tenía que ver con la DEA ni con Estados Unidos, sino con causas abiertas en San Pablo, Brasil, por drogas y por cheques rechazados.

Todavía no se habían sofocado los comentarios sobre este caso cuando el secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco, cometió otra gaffe de proporciones al afirmar en una entrevista publicada por el diario Primera Edición, de Misiones, que “hemos detectado argentinos que se han formado en el ISIS. Sabemos que han estado en zonas calientes del conflicto, en Siria o en el norte de Irak. Hay ciudadnos que han ido y han vuelto, al país o a países vecinos como Uruguay”.

Esa entrevista fue publicada nada menos que el domingo 11 de septiembre, 15° aniversario del atentado contra las Torres Gemelas.

A las pocas horas de esta publicación Bullrich se enteró de lo que había dicho su segundo a raíz de una consulta periodística y al rato Burzaco se desdijo: “No se ha detectado la presencia de miembros de ISIS ni de una de sus células” en el país, rectificó.
“Ante la reciente denuncia que mencionaba la posible existencia de miembros de ISIS en Corrientes, a través de fuerzas de seguridad seguimos esa línea de trabajo y al momento no se encontró nada que indique su presencia en la Argentina”, agregó el funcionario en un comunicado en el que intentaba salvar algo del naufragio de sus declaraciones.
En primer lugar, estas patinadas dejan al descubierto el afán mediático de ambos funcionarios por ganar puntos ante una sociedad que reclama respuestas y, en ese metier, no tamizan lo que dicen y largan a los cuatro vientos lo que algún colaborador les susurra al oído, como si los graves problemas de seguridad se pudieran resolver con la lógica de un panel mediático.

Pero lo segundo llamativo es que ante la reiteración de estos episodios no se hayan preguntado por la confiabilidad de quienes les pasan estos datos y, se supone, que otros con los que deben tomar decisiones para enfrentar problemas complejos. Del Ministerio de Seguridad dependen áreas muy complejas que van desde los robos callejeros hasta el narcotráfico y el terrorismo internacional, cada una de ellas con múltiples aristas.

En este Ministerio confluyen todas las Fuezas de Seguridad y se interrelacionan con otras áreas de la administración como Fuerzas Armadas, Aduana e Inteligencia. Cada una con sus estructuras, sus vicios y sus operaciones. Si en caso diez meses de gobierno Bullrich y su equipo no han logrado formar un equipo multidiscipliario confiable, cabe preguntarse si no estamos más cerca de genera problemas que de resolverlos.

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