Por Daniel Casas

Luego de casi diez meses de dispersión el peronismo en la oposición dejó de darle chances al gobierno de Mauricio Macri y echó a rodar la rueda electoral para intentar volver al poder en 2019, que es el único lugar en que se siente cómodo.

Es cierto que la herramienta aún está a medio armar, que no está claro dónde juega cada actor y, sobre todo, quién conduce, pero hay imágenes, o postales, que muestran a las claras que la rueda comenzó a moverse.
Una foto es la del festejo del 6 de septiembre por el 29 aniversario (sí, 29, no 30) del triunfo del peronismo renovador en la provincia de Buenos Aires, con Antonio Cafiero a la cabeza. Con ese aniversario como excusa se reunieron en un hotel ubicado a un centenar de metros de la Casa Rosada gobernadores e intendentes peronistas que plantean la necesidad de renovar el partido, parir una nueva conducción y arrumbar en el altillo de los “ismos” gastados al kirchnerismo que juraron defender hasta la muerte.
De hecho, la convicción de que hay que dejar a Cristina Fernández de Kirchner fuera de cualquier armado es lo único que une a los dirigentes que posaron para esa foto, incluso a los que como la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, intentan mejorar su posición mostrándose con un pié en el kirchnerismo y otro en la renovación.
Martín Insaurralde, Juan Zabaleta, Magario, Gildo Insfrán, el massista Felipe Solá, Alberto Descalzo, Domingo Peppo, Gustavo Bordet, Roxana Bertone, Gabriel Katopodis y varios más saben que ninguno de ellos se asoma al poder de convocatoria de la ex presidenta, pero también que el rechazo que ella genera en un amplio espectro de la sociedad, y están convencidos de que una candidatura de la mujer que los disciplinó con mano de hierro durante años sería la mejor noticia para el macrismo, que necesita ganar de la manera que sea las elecciones legislativas de 2017.
Los más apresurados para concretar la renovación son los intendentes. No es que a los gobernadores no les interesen las próximas elecciones, pero su mira está ajustada para 2019.
Por el momento, los hombres que juegan abiertamente sus aspiraciones presidenciales no participaron de esa foto. Uno, Juan Manuel Urtubey, porque no quiso. Y otro, Sergio Massa, porque formalmente no puede ya que lidera a una fuerza externa al peronismo, el Frente Renovador, aunque varios de los que se codearon en esa foto llegado el momento le harían un camino de pétalos de rosas para que vuelva.
Massa, que sigue siendo el necesario aliado de la gobernadora María Eugenia Vidal para tener gobernabildad, ha endurecido sus posturas hacia el gobierno nacional y, aunque mantiene tendidos los puentes con el peronismo, también amaga con avanzar en un armado progresista con discurso ético, para el que le resulta muy funcional la imagen de la diputada y líder del GEN, Margarita Stolbizer.
Urtubey, el gobernador peronista de Salta se excusó de participar porque ese día cumplió años, pero al otro día comenzó a recorrer la provincia de Buenos Aires de la mano de los intendentes del grupo Esmeralda, a quienes esta semana agasajará con una cena en la Casa de Salta.
Urtubey es un gobernador joven, de buenos vínculos con el clero, que renovó al peronismo en su provincia y que aparece como una voz razonable del peronismo en la oposición, que no apuesta por ahora a la caída del gobierno de Macri, como sí lo hace el kirchenrismo, porque tiene la convicción de que el PJ tiene que sacarse de la piel el estigma de que cuando está en la oposición conspira para derrocar a quien lo haya destronado.
A ese estigma remite, hilando fino, otra foto reciente, la de la cúpula de la CGT unificada con el Movimiento Evita, Barrios de Pie y otros movimientos sociales a los que hasta hace semanas despreciaba, para anticipar un paro nacional en octubre, que se descarta anunciarán cuando se reúna el Comité Central Confederal el 23 de septiembre.
Está claro que con la merma del empleo, el aumento de la pobreza y los tarifazos, el gobierno puso el caldo de cultivo para el germen del paro. Pero también está claro que la tolerancia de la CGT no es la misma cuando el gobierno no está en manos del peronismo.
Basta recordar que muchos de los dirigentes que ahora se disponen a paralizar el país a diez meses de gobierno de Macri toleraron hasta más allá del límite de la traición de clases a las privatizaciones del menemismo. Y los que estaban en contra fueron el recambio generacional que una vez en el poder protegió corporativamente a sus antecesores.

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