Por Aníbal Gutiérrez

A la conclusión del título podríamos arribar producto de la poca importancia que los Estados Miembros de la Organización de Estados Americanos le prestan a su Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El problema es que no es cierto.

Hace un par de meses la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un comunicado informando que si al finalizar el mes de julio no recibía aportes extraordinarios no podría renovar los contratos de 40% del personal, y que había suspendido las visitas planificadas para este año, así como también los Períodos de Sesiones 159 y 160 previstos originalmente para los meses de julio y octubre.

La CIDH se financia con el aporte que recibe del presupuesto de la OEA y las contribuciones voluntarias de Estados Miembros, Observadores, Organismos internacionales y otros.

En los últimos años el presupuesto se divide casi en partes iguales entre el Fondo regular (lo que recibe de OEA) y las contribuciones voluntarias, pero desde hace dos años el total de los fondos recibidos disminuyó sensiblemente.

Esta situación provocó que la propia CIDH hiciera un urgente llamado a los países que integran la OEA para que muestren su apoyo al sistema interamericano de protección de los derechos humanos. Se necesita un millón de dólares para la renovación de los contratos y el mantenimiento de las actividades que realiza la Comisión.

¿Qué es un millón de dólares para los 35 Estados que integran la OEA? Parece que mucho. Desde el pedido de la CIDH hasta ahora solo se han conseguido (entre contribuciones y promesas de contribuciones) 681.000 dólares.

Es difícil creer que a los países que integran, y se nutren, del sistema interamericano de derechos humanos, les importa la suerte de la CIDH. Podríamos hacer una comparación sencilla para medir esto: mientras la Unión Europea destina más del 40% de su presupuesto para el sistema continental de defensa de los derechos humanos, la OEA destina el 6%. Las palabras sobran ya que los números hablan por sí solos.

La pregunta que cabe hacerse es por qué se llegó a esta situación. Y la respuesta es sencilla de encontrar, está en lo que significa el sistema de protección de derechos humanos y en los aciertos de la CIDH. Porque sin el accionar de este organismo continental la situación sería infinitamente peor, y muchos países encontraron en la disminución de sus aportes la mejor manera de limitar el trabajo de la Comisión.

Si la Comisión Interamericana deja de recibir y procesar peticiones, deja de analizar casos y medidas cautelares, si deja de monitorear la situación de los derechos humanos en los países miembros de OEA, nuestro continente será no solo el más violento del mundo, sino aquel en el que más se violen los derechos humanos.

La última esperanza de recibir justicia para muchos habitantes de la región está en la Comisión Interamericana y en la Corte. La mayoría de nuestros países tiene una eterna deuda de gratitud con los organismos continentales de derechos humanos, es hora de que esto se traduzca en apoyo real, concreto y explícito.

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