Por Daniel Casas

El duro documento de la UCR bonaerense, molesta con el gobierno bonaerense de María Eugenia Vidal por la incorporación inconsulta de un intento de pata peronista en la gestión, debe mirarse como un gesto de reposicionamiento con miras a las elecciones legislativas del año próximo más que como una advertencia de ruptura.

El radicalismo sabe que por más que se encuentre atravesando la experiencia inédita de ser el socio menor de una alianza de gobierno, el macrismo juega su resto en esos comicios y no puede darse el lujo de desatender a este partido de estructura añeja pero aún sólida. “Están subiendo el precio”, sintentizó un observador de la política bonaerense.

Pero a la vez es conciente de que, en consonancia con su lento declive, el viejo partido carece de una figura propia que arrastre votos o al menos conmueva al electorado extrapardiario. Es decir que necesitan de la imagen de la última figura que nació con fuerza en la vida política argentina, la gobernadora Vidal, para seguir jugando el juego del poder.

Los radicales, comandados a nivel provincial por el diputado Ricardo Alfonsín, tan parecido y tan diferente a su padre, tiene razones para expresar su enojo. Vidal incorporó al intendente de San Miguel Joaquín De la Torre, desencantado con el Frente Renovador de Sergio Massa, y le dio nada menos que el Ministerio de Producción, el único que en el reparto de diciembre le había concedido a la UCR.

Cierto es que creo un nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología para alojar al radical desplazado Jorge Elustondo, pero no deja de sonar como un desaire que, naturalmente, el radicalismo no puede dejar pasar alegremente, de ahí el documento en el que el Comité Provincia de la UCR planteó que le “preocupa que el PRO tome decisiones que afectan a la composición de cambiemos de manera inconsulta y sin la debida participación del resto de las fuerzas”.
Más adelante, luego de varios reclamos en ese mismo sentido, los radicales bonaerenses advierten que “la idea de la gobernabilidad de ninguna manera puede justificar la omisión de consideraciones como las aludidas” porque “una actitud semejante terminaría debilitando la confianza de la sociedad en Cambiemos, y a la postre, la misma gobernabilidad”.
Claro que, tratándose de la UCR, no podían faltar las divergencias internas, que en este caso fueron expresadas nada menos que por el vicegobernador, Daniel Salvador, quien salió rápidamente a ocupar, y hasta sobreactuar, el necesario rol del componedor.
Para Salvador, que al menos en lo que atañe a la exposición pública tiene un rol bastante anodino en la gestión, los radicales están “orgullosos de formar parte de Cambiemos y de un gobierno que coincide con las banderas históricas” de la UCR.
Lejos de escaldarlo, como a su partido, para el vicegobernador “la incorporación de De la Torre fue con los brazos abiertos” de un intendente que “viene ganando elecciones en su distrito”.
En rigor de verdad, la jugada de Vidal es audaz, porque aunque De la Torre ya se había ido del massismo meses atrás, cansado de las promesas impagas, socaba la estructura del ex intendente de Tigre que supo derrotar nada menos que a Néstor Kirchner.

Pero también hay que decir que el acercamiento de algunos dirigentes del PJ al gobierno bonaerense no constituye un giro copernicano de ninguno de los actores. Es más producto de la indefinición en la interna peronista que un alineamiento definitivo.

En todo caso, la sabana de la que tironea Vidal es extremadamente corta, ya que necesita del Frente Renovador para mantener funcionando a la Legislatura bonaerense sin que se le convierta en una barricada opositora.
Massa, que en los últimos días optó por bajar el perfil, sólo demuestra interés por aparecer en las fotos compartidas con Margarita Stolbizer, quien desde el GEN pone en jaque a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que mantiene una tendencia creciente en su aceptación pública y que en la última semana ha advertido que no está entre sus planes un acercamiento con el PRO.

A Massa le sirve la foto con la líder del GEN porque lo aleja de la interna del peronismo, adonde cada día inflán más su valor y lo invitan a retornar ya en forma explícita, como hizo el titular del PJ Nacional, José Luis Gioja.

Entre los dirigente bonaerenses cada vez son más los que plantean que si el tigrense vuelve al redil -que dejó cuando abandonó el kirchnerismo- están dispuestos a alinearse con él, aunque algunos mantienen las esperanzas de que el ex ministro Florencio Randazzo decida volver a hacer política en la superficie. Y no faltan los que imaginan una dupla fuerte con Massa como candidato a senador nacional y Randazzo como cabeza de la lista de diputados nacionales.

En definitiva, Cambiemos incorporó a un peronista disidente, pero lejos está de modificar cuestiones de fondo de la política bonaerense. Cambia, pero no todo cambia, podría decirse parafraseando la canción que popularizó la inolvidable cantora Mercedes Sosa. 

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