Por Daniel Casas

El acercamiento a la Alianza del Pacífico, el realineamiento con Estados Unidos, la competencia de la canciller Susana Malcorra por la secretaría general de las Naciones Unidas, la visita del presidente Mauricio Macri a Europa y el envío de tropas de paz argentinas a Colombia, Africa y el Sudeste Asiático, no dejan dudas del reposicionamiento de la Argentina en el concierto internacional, pero vale tener en cuenta que ese mundo en el que se busca un lugar está mutando aceleradamente y no se sabe adónde va.

La política se hace con acciones, pero también con gestos. Además de la presencia del mandatario argentino en la Cumbre de la Alianza del Pacífico, que se desarrolló hace un tres semanas en Chile, y del posterior viaje por Europa proclamando la necesidad de un entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea, el nuevo posicionamiento del gobierno de Macri recibirá en las próximas semanas dos nuevos gestos de respaldo por parte de los Estados Unidos.

Luego de haber acompañado a su presidente, Barack Obama, en la visita que realizó a la Argentina el 23 y 24 de marzo de este año, el secretario de Estado, John Kerry, volverá a pisar Buenos Aires en los primeros días de agosto, antes o después de asistir a la apertura de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro.

Pero no será el único. Si bien falta oficializar aún la visita, en el Gobierno prevén que el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Jack Lew, aterrizará en Argentina a fines de agosto, en el que sería la tercer visita de peso institucional en lo que va del año.

En compensación, Argentina no sólo se ha dedicado a ser la punta de lanza para que el Mercosur abandone aceleradamente la lógica populista que predominó durante la úlima década sino que también se ha involucrado en acciones de pacificación en varios lugares del mundo.

Tal como estaba acordado hace largos meses, contingentes de militares argentinos y chilenos ya participan del proceso de pacificación de Colombia, que está próxima a firmar el acuerdo luego de más de tres años y medio de duras negociaciones en La Habana.

Además, se intensifican los ejercicios de integración en fuerzas binacionales con Perú y Chile y efectivos argentinos colaboran en la formación de militares mexicanos para misiones de Paz de las Naciones Unidas, con lo que se completa el acercamiento a todos los países que integran la Alianza del Pacífico.

Pero también está en los planes del Ministerio de Defensa trasladar a algunas de la agregadurías militares del Caribe hacia países del sudeste asiático para monitorear las operaciones piratas en el Mar de la China y el efecto que el acciones de estas bandas criminales podría tener en los costos de fletes y seguros de envíos de granos, según informó subsecretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, José Luis Vila, en declaraciones a la agencia Télam.

Sin embargo, hay voces que alertan que el interés por una mayor presencia militar en el Mar de la China está más ligado a la geopolítica que se diseña en Washington que a la que se gesta en la sede del Ejecutivo argentino.

Lo mismo corre para la posibilidad de que la agregaduría militar en Angola extienda su radio de acción a Nigeria para evaluar el impacto de las actividades del islamista Boko Haram, además del acciones de los grupos pirata que actúan en el delta del río Níger, que no es precisamente un punto de interés para el comercio de granos argentinos.

Pero este nuevo involucramiento se da a la vez en un mundo que está en un acelerado proceso de mutación que nadie sabe adónde va a desembocar.

Europa no sólo tiene que desentrañar cómo afectará a su esquema la victoria del Brexit en Gran Bretaña, que implica la salida de la Unión Europea, además de los conflictos internos de los países que integran el Reino Unido, sino que también está por verse qué ocurre con Turquía, que desde 2005 negocia la intergración formal al bloque y acaba de sufrir un intento de golpe de Estado. El país donde se unen Europa y Asia no es un país menor ni en la región ni en el mapa de intereses geopolíticos de los Estados Unidos.

Pero volviendo a la Argentina y a su relación con los Estados Unidos, este alineamiento se da con una administración a la que le quedan pocos meses en la Casa Blanca. Nadie sabe qué pasará en las elecciones presidenciales estadounidenses, pero el mundo entero mira con preocupación la posibilidad de que quien reemplace al demócrata Barack Obama no sea su colega partidaria Hillary Clinton sino el republicano Donald Trump, que espanta hasta a sus propios conmilitones y ha corrido hacia el centro del espectro a la gente del Tea Party, pero que al parecer conquista el voto de los sectores más reaccionarios de la sociedad de su país.

El mundo está en ebullición, Oriente medio es una caldera enigmática que nadie sabe o quiere descifrar en los países de occidente. Todo se radicaliza, crecen los fantasmas totalitaristas de tiempos a los que la sensatez indicaría que no hay que volver, y los alineamientos no son gratuitos.

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