Por Aníbal Gutiérrez

Un par de meses atrás, en este mismo espacio, me referí a la ausencia de honestidad intelectual en algunos que hablan o escriben como si todo hubiera sido color de rosa hasta el 10 de diciembre pasado.

Quiero referirme esta vez a la manifestación pública conocida como “ruidazo” que se realizó la semana pasada contra los aumentos de tarifas de los servicios públicos y a la corte de “ex aduladores del poder” convertidos en “críticos acérrimos del régimen”.

Antes que nada debo aclarar que no estoy de acuerdo con la manera en la que el gobierno argentino trató el aumento de tarifas. Creo que lo hizo de manera poco profesional y que fue ineficiente en la forma en que tomó y comunicó las medidas en cuestión.

El pasado 14 de julio se realizó una convocatoria mediante redes sociales para que la población se manifieste contra el aumento de tarifas dispuesto por el gobierno nacional. A esa convocatoria adhirieron inmediatamente referentes políticos y sociales que apoyaron al gobierno que finalizó su mandato el pasado diciembre.

A la manifestación la llamaron “ruidazo” y no “cacerolazo” como habitualmente se hace con este tipo de convocatorias en la Argentina desde el fatídico diciembre del 2001. El motivo del “cambio de nombre” fue que el anterior oficialismo denostó tanto a quienes se manifestaron así en los años pasados que parece que sintieron un poco de vergüenza.

Así fue como vimos múltiples manifestaciones en las que se reclamaba por aumentos desmedidos de servicios, mezcladas con deseos de fracasos rotundos y hasta la finalización anticipada del mandato presidencial.

Lo llamativo no es que se hayan producido estas críticas. Es sano que en democracia esto suceda. Lo lamentable es que lo hacen aquellos que hasta hace siete meses eran incapaces de alzar la voz para reclamar a sus autoridades por la pobreza, la inseguridad, la falta de energía eléctrica en los meses de calor, el aumento del consumo de drogas ilícitas, la falta de insumos en hospitales, la ausencia de agua corriente o cloacas, el acuerdo con Irán que garantizaba la impunidad a los ciudadanos de ese país acusados de participar del atentado a una entidad judía, y una larga lista de etcéteras.

Seguramente una mayoría de la población está sufriendo las consecuencias de muchas de las medidas económicas que se han tomado en los últimos meses.

El gobierno nacional dice que eran absolutamente necesarias para alejarnos del abismo al que nos acercábamos y que veremos sus resultados en poco tiempo más.

Mientras tanto, los que nunca dijeron nada protestan como si siempre lo hubieran hecho.

La democracia necesita, siempre, una sociedad movilizada y dispuesta a defender sus derechos y a reclamar a sus gobernantes, pero aquellos que durante tanto tiempo callaron y justificaron todos los atropellos que se vivían, deberían llamarse a silencio y pensar si la pequeña ventaja política justifica la traición a tantos.

Por su parte el gobierno, debería escuchar el reclamo y ejercer el poder con responsabilidad y eficiencia porque para eso fueron electos.

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