Por Aníbal Gutiérrez

En los últimos años vivimos en Latinoamérica el bicentenario de muchas de las gestas emancipadoras que dibujaron a los países tal como los conocemos en la actualidad. También vimos aumentar el rechazo cada vez mayor que la corrupción genera en grandes porciones de la población. Todo esto junto nos permite pensar qué debemos hacer para construir democracias inclusivas y plenamente participativas.

En las primeras dos décadas del siglo XIX nacen, afincados en sueños de libertad e igualdad, la mayoría de los países que integran esta región. Doscientos años después la realidad nos ubica en un lugar bastante distinto del que soñaron nuestros próceres.

En los dos siglos que pasaron desde las independencias hemos vivido conflictos armados, dictaduras sangrientas, pobreza extrema, exclusión, crimen organizado, inseguridad, impunidad y grandes bolsones de desigualdad, así como también instituciones públicas que muy pocas veces dieron a los ciudadanos los servicios públicos que estos merecían.

El tiempo transcurrido nos lleva a analizar nuestro presente y preguntarnos qué es lo que hemos hecho de manera equivocada, por qué no pudimos conseguir la estabilidad institucional que nos permitiera el desarrollo pleno, por qué es tan difícil que podamos construir en conjunto.

De América Latina han surgido una gran cantidad de líderes en las más diversas disciplinas. Grandes escritores, músicos, científicos y deportistas de éxito mundial nacieron en estas latitudes. Es decir grandes exponentes que, de forma individual, consiguen descollar en sus profesiones.

Cuando se trata de construir desde el conjunto, cuando lo importante es creer en el esfuerzo colectivo y no en la mirada “prodigiosa” de un supuesto líder, allí ya no aparece tanto nuestra región.

El arte del diálogo y el acuerdo no han aparecido todo lo que hubiera sido deseable, y cuando a pesar de esto, fue posible construir el camino del diálogo para arribar a acuerdos, el cumplimiento fue, en general, muy deficiente.

Los diálogos de paz en Centroamérica son una buena muestra de esto. Alguien a quien admiro mucho en Guatemala me dijo hace algunos años, nuestro problema no es que nos cuesta el diálogo, es que somos incapaces de cumplir lo que acordamos.

Colombia está en la actualidad viviendo ese proceso. Tiene la gran oportunidad de construir un país distinto. Alcanzada la paz debe centrar todos sus esfuerzos en crear las condiciones y las instituciones necesarias para que las causas que generaron hace tantas décadas el conflicto, desaparezcan de manera definitiva.

Si alcanzar acuerdos para firmar la paz necesitó de mucho esfuerzo, construirla todos los días requerirá mucho más.

Y la región deberá acompañarla. Entendiendo que ese acuerdo de paz es una oportunidad para Colombia, y un desafío para todos sus vecinos latinoamericanos. Colombia es mucho más que los acuerdos con la guerrilla, es la oportunidad de empezar a construir una sociedad distinta entre todos. Y de esa tarea conjunta se beneficiarán todos.

Así, podremos soñar con democracias plenas e instituciones que tengan como centro y único objetivo el bienestar de la población, y con gobiernos que no estén integrados por corruptos, y con empresarios que inviertan su capital para generar empleo y riqueza.

A lo mejor doscientos años después podemos cumplir con el sueño de nuestros libertadores.

 

 

Anuncios