Por Aníbal Gutiérrez

Después de más de una década de gobierno absolutamente concentrado en un par de manos, y de todas las instituciones bailando al ritmo que se fijaba en un solo lugar, a los argentinos se les ocurrió cambiar de signo político y elegir para gobernar a una coalición de gobierno que se encuentra en las antípodas del pensamiento y el accionar del gobierno anterior.

Eligieron para eso la propuesta que presentó un acuerdo entre varios partidos entre los cuales se encuentran el más nuevo del país (surgido al calor de la profunda crisis política, económica e institucional que se vivió a fines del año 2001) y el más antiguo con más de un centenar de años de historia.

En Diciembre pasado la Argentina se encontraba en una grave situación de inestabilidad económica con un déficit fiscal equivalente al 7% del Producto Interno Bruto, más de 11 millones de pobres y un crecimiento del 64% de la cantidad de empleados públicos sin que eso se tradujera en más y mejores servicios públicos.

Además, el país se encontraba, se encuentra en realidad, crispado y dividido por posiciones antagónicas donde pensar distinto se había convertido en el paso previo a diferencias irreconciliables.

En ese marco inicia su gestión el gobierno que esta semana cumple seis meses. Hay aciertos, errores, y demoras en su haber, aunque la mayoría de la población, según la casi totalidad de las empresas encuestadoras de opinión, sigue dándole un voto de confianza al Gobierno y al Presidente.

Entre los puntos a favor se encuentra que desde el primer momento se buscó cambiar el estilo de confrontación permanente del gobierno anterior por una estrategia basada en el diálogo y el acuerdo. El diálogo permanente con los gobernadores, la asistencia al Foro Económico de Davos con representantes de la oposición y el acuerdo parlamentario alcanzado para aprobar las leyes necesarias para cerrar con los holdouts son una muestra de ello.

El equipo económico, así como la política exterior muestran una seriedad profesional que no se veían desde hace tiempo. Asimismo, la tarea del Ministro de Justicia y su vocación por encarar las reformas que imperiosamente necesita la justicia con una mirada sistémica, integral y moderna es también digna de remarcar.

Debe marcarse también que, a seis meses de iniciado el gobierno, no se ve la coordinación que se esperaba entre la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires para atender los graves problemas que aquejan al área metropolitana. Esto es especialmente claro en todo aquello vinculado a la seguridad.

Por último, enfrentar al narcotrafico fue uno de los ejes de la campaña electoral del actual oficialismo. La narcoactividad ha crecido de manera sostenida y preocupante en los últimos años y no se ve, todavía, una política clara, concreta y determinada para enfrentar ese flagelo. Según las últimas encuestas más del 80% de la población cree que el crecimiento del narco es por la complicidad que encuentran en la justicia, la política y la Policía. Ninguna de esas instituciones ha demostrado en estos seis meses disposición para hacer algo que provoque un cambio en el pensamiento de la población.

Quedan muchos temas para el análisis que serán abordados en futuras columnas, pero a seis meses de iniciada la gestión de la actual administración se ven resultados en áreas importantes de gobierno y también preocupantes demoras en otras. Esperemos que el análisis al finalizar el primer año muestre mayor homogeneidad y, como consecuencia de ello, el mantenimiento del apoyo ciudadano.

Anuncios