Por Daniel Casas

La noticia confirmada en la última semana de mayo sobre la presencia del presidente de Argentina, Mauricio Macri, en la cumbre de mandatarios de la Alianza del Pacífico, que se realizará en Santiago de Chile a fin de este mes, hizo algún ruido en el mundillo político pero no es más que un paso, más firme si se quiere, en un acercamiento entre ese bloque y el del Mercosur que ya estaba en marcha.

De hecho, en abril, días antes de ser suspendida por el inicio de un juicio político, la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, visitó a su par de Chile, Michelle Bachelet, y habló de la necesidad de integrar políticas entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico.

En los hechos, lo que estaba diciendo la mandataria brasileña, que proviene del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), es que cambió el escenario político que había en 2005, cuando los países del Mercosur -Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela- forzaron la caída del Acuerdo de Libre Comercio de las América (ALCA), que impulsaba Estados Unidos.

Aquel rechazo a la propuesta que traía el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, a la Cumbre de las Américas que se realizó en Mar del Plata quedó durante años como un ícono de la intención de formar nuevos organismos, alejados de la influencia esadounidense, como la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington.

Así, entre 2004 y 2010 el Mercosur fue mutando del formato de acuerdo económico y comercial con que se lo creó en 1991 a un nucleamiento de fuerte contenido político, al que luego se le sumó, casi superponiendo funciones u objetivos, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), con sede en Quito. Y luego, en una nueva superposición, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que incluyó a Cuba, alejada de la OEA durante décadas.

En tanto, si bien forman parte de la Unasur y la Celac, México, Colombia, Perú y Chile fundaron en 2011 la Alianza del Pacífico, que rápida pero informalmente fue catalogada por los gobiernos populistas con más peso en el Mercosur como un ALCA sin Estados Unidos.

Pero esa confrontación duró poco, el 24 de noviembre de 2014, ya con una década promedio en el poder, los cancilleres y ministros de los gobiernos de corte populista participaron en Santiago de Chile, para participar del seminario “Diálogo sobre la integración regional: Alianza del Pacífico y Mercosur”.

Venezuela no asistió, pero los otros cuatro países del Mercosur estuvieron representados por sus ministros de Relaciones Exteriores: Héctor Timerman (Argentina), José Antonio Meade (Brasil), Eladio Loizaga (Paraguay) y Luis Almagro (Uruguay), es decir, las primera línea de las respectivas diplomacias.

Las razones de ese cambio de rumbo pueden ser varias. Desde la caída de los precios internacionales de los commodities, con la consiguiente disminución del ingreso de divisas para financiar los déficits fiscales, a la sensación de finitud de proyectos que se imaginaron eternos.

“Hay que ser prácticos. Nosotros tenemos acuerdos comerciales con muchos países del mundo, Estados Unidos y Viernam, a quien nadie puede acusar de abandonar posiciones de izquiereda, integran el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica). Es una cosa práctica que no quiere decir que el gobierno viernamita esté vendido a una determinada potencia, como se usa decir en América latina”, comentó a este cronista el embajador de Chile en Argentina, José Antonio Veira Gallo.

En este contexto, los presidentes de Argentina, Mauricio Macri, y de Paraguay, Horacio Cartés, estarán en Santiago el 30 de este mes para compartir una cena con los mandatarios de la Alianza del Pacífico, la anfitriona, Michelle Bachelet, el peruano Ollanta Humala, el colombiano Juan Manuel Santos, y el mexicano Enrique Peña Nieto.

El día siguiente, 1 de julio, Macri y Cartés participarán en calidad de observadores de la cumbre de presidentes y, además, el mandatario argentina disertará ante 500 empresarios de la Alianza del Pacífico, que impulsan que el Mercosur llegue pronto a un acuerdo comercial con la Unión Europea, similar al que ellos ya tienen cerrado, lo que les permitirá negociar condiciones comerciales en bloque, con mayor peso.

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