Por Daniel Casas

¿Cómo vamos a tener paz en un país donde mueren niños de hambre? La pregunta que formuló el último sábado la cantante colombiana Shakira durante una visita a Barranquilla, su ciudad natal, puso en negro sobre blanco una de las múltiples aristas que tendrá que resolver Colombia para consolidar los procesos de paz que negocia por separado con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Ese escenario de posconflicto, luego de más de 50 años de guerra interna, estaría pronto a firmarse en el caso de las FARC y será la misión debut de la Fuerza de Paz Binacional Cruz del Sur, conformada hace una década por Argentina y Chile, con la coordinación de las Naciones Unidas.
Para esa primera misión “Estados Unidos está dispuesto a prestar apoyo logístico a la Argentina que ya asumió el compromiso junto a Chile de desplegar la fuerza binacional ‘Cruz Del Sur’ para la fase final de la pacificación de Colombia donde por ahora el objetivo sería enviar efectivos que actúen como veedores del desarme y desminado aunque todo eso está atado a la forma que adquiera el tratado final entre el gobierno colombiano y las FARC”, confirmó el secretario de Estrategia y Asuntos Militares del Ministerio de Defensa argentino, Angel Tello, en declaraciones a la agencia Télam.
El desarme y el desminado son dos temas centrales para avanzar en el proceso de paz y en el desarrollo de Colombia, que tiene un gran potencial pero, a la vez, profundas desigualdades.
Para el desarme hace falta la decisión política de las partes en conflicto, que tendrá que ser refrendada luego por la sociedad colombiana, ya sea en un referendo, que es lo que pretende el gobierno, o en una Constituyente, que le otorgue estatus política a la guerrlla, que es lo que pretenden las FARC.
Para el desminado, que ya se está realizando, hacen falta la cooperación de las organizaciones guerrilleras y tiempo para peinar metro a metro grandes zonas del territorio colombiano.
Pero, aún cuando estos dos elementos centrales se encaminaran, quedan por resolver innumerables problemas que tienen que ver con la desigualdad y la violencia intrínseca que se vive en Colombia desde mucho antes de que en 1964 se conformaran las FARC y el ELN.
Shakira, que ha respaldado desde el principio la búsqueda de la paz en su país, habló de la niñez a raíz de la situación que se registra en la Guajira colombiana, donde mueren niños producto del abandono y la desnutrición. “Realmente, si queremos pensar en tener una Colombia en paz tenemos que empezar a construir desde la base, desde nuestros niños”, planteó la cantante internacional.
En esa desigualdad profunda, que también es producto del inequitativo reparto de las tierras productivas, en manos de grandes terratenientes que expulsaron y desplazaron a miles de personas para conseguirlas, se funda el descontento que dieron origen a las guerrillas y de donde han salido sus miles de combatientes, muchos de ellos niños, reclutados incluso por la fuerza.
Según un trabajo de investigación publicado por la revista Semana, sobre la base de un muestreo de 1715 casos realizado por el Instituto Geográfico Agustín Condazzi (IGAC), en la actualidad hay 2259 niños alistados dentro de las FARC, de los cuáles el 67 % son varones. Y los métodos de reclutamiento ilícito se dividen en persuación, el 47 %; engano, el 23%, y por la fuerza, el 30%.
Pero a este problema hay que agregarle otros elementos centrales, como el paramilitarismo, hoy residual en las llamadas Bacrim (bandas criminales) y, cubriendo todo el conjunto de problemas sociales, el narcotráfico.
En este punto, siguiendo el ejemplo de Shakira, cabe preguntarse: ¿Será posible pacificar un país estragado por la violencia sin buscar una solución al problema del narcotráfico? ¿Accederán los grandes intereses creados multinacionales a abordar la búsqueda de una solución a este tema? ¿Se involucrarán a fondo en este objetivo las Naciones Unidas?

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