Por Aníbal Gutiérrez

A principios de la década del 80 Centroamérica se encontraba sumida en enfrentamientos que la estaban desangrando. El accionar de los grupos insurgentes, la feroz represión que llevaban adelante los gobiernos militares y el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, habían llevado a la región a un espiral de violencia del que no se veía el final.

El mundo estaba cruzado por la Guerra Fría, y en pocos lugares el concepto geopolítica se ve tan claramente como en Centroamérica. Ubicada como puente entre las dos Américas era estratégico para los Estados Unidos mantener el control en esa parte del mundo.

En ese contexto, México, Panamá, Venezuela y Colombia constituyeron a principios de 1983 el Grupo Contadora (tomando el nombre de la isla panameña en la que se reunieron) como un sistema de acción conjunta para promover la paz en Centroamérica. A esta iniciativa se suman a mediados de 1985 Argentina, Brasil, Perú y Uruguay creando el Grupo de Apoyo a Contadora.

Apoyándose en esos esfuerzos de cooperación regional, Vinicio Cerezo al asumir la presidencia de Guatemala en enero de 1986, convoca a sus homólogos centroamericanos a reunirse por primera vez para encontrar en conjunto la paz para toda la región.

Los Presidentes deciden esperar el resultado de las elecciones de febrero de ese mismo año en Costa Rica, y una vez asumido Óscar Arias se reúnen en la ciudad de Esquipulas (Guatemala) para dar un primer paso que cambiaría para siempre la dinámica regional.

En esa reunión, y por primera vez, los Presidentes deciden asumir el protagonismo en la pacificación regional haciéndose responsables del éxito de ese proceso, y sentando las bases para institucionalizar la democracia y la integración.

A partir de ese momento, y durante más de un año, se sucedieron reuniones de trabajo, negociaciones, presiones, desconfianzas, y consensos que culminaron con la firma en agosto de 1987 de lo que se conoció como Acuerdo de Esquipulas II.

El proceso de Esquipulas significó el inicio de un complejo camino hacia la democracia que asumieron los verdaderos protagonistas centroamericanos con el acompañamiento de la comunidad internacional.

Hace treinta años, cinco Presidentes dieron un paso que a la distancia se ve gigante. Decidieron formalizar sus reuniones para construir confianza entre ellos, firmar el Acta de Contadora para La Paz y crear el Parlamento Centroamericano como mecanismo institucional para fortalecer el diálogo, el desarrollo conjunto, la democracia y el pluralismo.

Lo hicieron en Esquipulas, símbolo centroamericano de la fe, la unión y la paz.

A partir de este proceso cada país inició su propio camino para poner fin a los conflictos armados internos, logrando en pocos años la firma de los diversos Acuerdos de Paz que terminaron con una época nefasta de irracional violencia política.

Treinta años después, Centroamérica sigue tratando de construir su futuro lejos de la violencia. Los postulados del proceso de Esquipulas están tan vigentes como entonces así como la necesidad de paz y desarrollo de sus pueblos.

Los problemas son distintos, el narcotráfico y otras formas de crimen organizado significan un nuevo desafío para las democracias centroamericanas. Tal vez el recuerdo de lo que fueron capaces de protagonizar hace tres décadas sirva como ejemplo para que la región pueda, en conjunto, enfrentar y vencer este nuevo desafío.

 

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