Por Alejandro J. Lomuto

Rafael Aragona es el presidente de ITSA Logística, una empresa argentina que, a través de una red de socios locales, actúa en prácticamente toda América latina. Le pedí su opinión sobre el presente y el futuro del clima de negocios en la región, y me devolvió un panorama tan optimista como desafiante. Vislumbra un “capitalismo moderno” con “intervenciones positivas” en la economía, un auge de productores y comercializadores pequeños en desmedro de las grandes corporaciones, y un escenario en el que la opción esencial ya no es entre izquierdas y derechas sino entre “ganancia táctica” y “sustentabilidad estratégica”. La siguiente es una síntesis de la conversación que mantuve con él.

¿Cómo ves el presente y el futuro próximo del clima de negocios en América latina?

Tengo la sensación de que hay una nueva forma de intervención en la economía, que tiene efecto sobre el mundo de los negocios, a la que llamo “capitalismo moderno”. Tiene que ver con la necesidad de integrar cada vez más gente en la sociedad y en un mercado mucho más amplio. El primer efecto es que haya una visión mucho más social del capitalismo. Cuando uno mira a Latinoamérica, en general todavía advierte que se participa de una discusión medio antigua. Como tengo una hija viviendo allí, me gusta citar el caso de Australia, que resume una mezcla muy interesante: tiene mucha cosa inglesa en su estructura, su genética y su historia, pero la incorporación de orientales y latinoamericanos generó una sociedad que trabaja seriamente, hace negocios con profesionalismo, mira estratégicamente y al mismo tiempo puede divertirse. Hay un conjunto de países que viven esa situación, en los que uno empieza a advertir que quienes operan en el mundo del capital lo hacen desde una posición más moderna y, en consecuencia, generan situaciones laborales y sociales distintas. Y las tensiones que se generan están relacionadas con discusiones estratégicas, más que tácticas.

 

¿Creés que es posible que algo así llegue a esta región?

Ecuador depende del precio del petróleo. Chile depende del precio del cobre. Países como Brasil y la Argentina tienen dependencias multisectoriales pero en general cuando tres o cuatro variables concurren positiva o negativamente, cambia el clima económico y, en consecuencia, las posibilidades de acción de los negocios. Son factores tácticos y generan acciones tácticas. Si no tengo una economía que pueda tener sustentabilidad porque dependo del precio de un producto, entonces estamos viviendo en un mundo táctico. Brasil y la Argentina, al tener una matriz productiva más diversa, tienen mayores posibilidades de transformarse rápidamente y pasar a un mundo más estratégico en el que haya un capitalismo y un mundo de los negocios que intervengan con una visión más integradora y social. Creo que hay una discusión muy interesante sobre el mundo de los negocios que tiene que ver con Latinoamérica pero también con el resto del mundo, donde en diferentes estadios el holón más integrador de esto, para ponerlo en términos wilberianos, es aquel que puede mirar el mundo de los negocios estratégicamente, con una integración lo más amplia posible hasta en la concepción de su producto.

 

¿Imaginás cambios en los paradigmas de producción?

Creo que vamos a un mundo en el que se van a producir cambios en la producción y la comercialización de las cosas. Tengo la intuición de que el mundo megacorporativo no va a prosperar mucho más en los próximos 20 o 30 años, y que va a haber organizaciones mucho más chicas y eficientes produciendo cosas mucho más particulares y eficientes para grupos étnicos o sociales o culturales determinados. Mucho más a medida.

 

¿Eso no sería de alguna manera ineficiente en términos clásicos, por razones de escala?

Creo que va a ser ineficiente en términos de escala. Pero ese es el mundo del capitalismo estratégico. Si vos tomás un antibiótico de amplio espectro, vas a demorar 10 días en curarte. Si el antibiótico está hecho a tu tamaño y medida, va a ser más caro pero te vas a curar en un día. Al final, resulta más barato. La cosa menos masiva y más particular va a ser mucho más ineficiente en algún aspecto y mucho más eficiente en otro. La clave es dónde va a dar el equilibrio esa balanza.

 

Eso implicaría romper varios paradigmas. Por ejemplo, en materia de empleo y sindicalización. 

Yo soy fanático de la sindicalización. Los países centrales conviven con sindicatos muy poderosos. Lo que ocurre es que allí se dan discusiones inteligentes. En general, nadie va a reclamar lo que sabe que no va a ocurrir nunca para que la contraparte ofrezca lo que nunca estaba dispuesta a ofrecer y, a través de un proceso de negociación más oriental que occidental, se llegue a un justo medio. En el mundo desarrollado esa discusión progresó y ya en la primera reunión se discute el punto medio. Eso es lo que yo llamo evolucionar en el mundo de los negocios y en el mundo capitalista: llegar a acuerdos sin las tensiones que hacen perder tanta energía.

 

También imagino cambios de paradigmas en materia de comercialización. 

Algunos hechos ya los podemos ver. Uno entra a una plataforma de comercio electrónico y encuentra que alguien vende calzoncillos de lunares y luciérnagas, y alguien los compra. Las comunicaciones han permitido que una persona pueda producir un lote muy chico para que una comunidad de cualquier parte del planeta los pueda comprar porque le encantan. Eso era impensable si los calzoncillos se vendían únicamente en la mercería de la esquina. China tiene millones de productores pequeños y medianos que hacen cosas técnicamente interesantes, en cantidades muy chicas y para públicos muy chicos, porque hay una nueva forma de comunicar el comercio y la industria que permite que eso ocurra.

 

¿Lo intuís como un cambio duradero o como una de esas tendencias que cada tanto trae la tecnología, que primero genera actores pequeños que luego son fagocitados por una ola de concentración? Pienso, por ejemplo, en lo que sucedió con la distribución de televisión por cable.

Sí. Creo que es posible. Creo que los cambios en la comunicación y en el correo electrónico son lo más importante que nos ha pasado desde el trueque para acá. Nos pone en un plano que todavía no está materializado del todo. Todavía estamos en una etapa embrionaria pero tiene efectos increíbles. La Argentina, en 2015, vendió por comercio electrónico una suma equivalente al PBI de la provincia de Río Negro, que es un número tremendo, porque es una provincia productora. Y crece 50 por ciento año a año. Cuando vos mirás esto, decís: claramente, el mundo genéricamente llamado capitalista, para que esto siga creciendo, tiene que expandir la comunicación. Esto implica inversión en comunicaciones, inversión en tecnología. Porque todo este animalito alimenta el crecimiento del mercado.

 

¿Qué va a pasar en ese contexto con los canales comerciales convencionales y con el empleo convencional? 

Probablemente haya muchos cambios. Muchos países ya pasaron por esto sin el comercio electrónico. Italia es un enjambre de pequeñas y medianas empresas. Las empresas italianas grandes son muy pocas. Han hecho una economía poderosa a partir de un producto que estaba destinado a pocos. Mientras no pudieron mirarlo globalmente era para pocos, para el vecindario elegante. Después supieron crear comercialmente el mundo elegante italiano y cómo comercializarlo. En Latinoamérica todavía hay brechas muy diferentes. Hay países en los que esto empezó de una forma, en otros ni empezó, hay comunidades muy aisladas, cerradas e incomunicadas. Creo que los programas de distribución de computadoras de varios gobiernos representaron un cambio supersignificativo en la incorporación de la tecnología desde la niñez y el acceso a información y comunicación. De hecho, nosotros, que somos una empresa muy chiquita, tenemos una plataforma de comunicaciones en la que hemos hecho una inversión en ciertas redes sociales solamente para generar una marca al costado de un niño que está jugando, para que nos recuerde en algún momento. Es una inversión que hace 20 años no tenía sentido pero hoy empieza a tener sentido que un chico de 15 años que está jugando dentro de 10 años será un profesional y reconocerá tu marca porque te vio al lado, o con un banner, en el jueguito que está jugando. Creo que ahí hay una posibilidad muy interesante para lo que hoy es el subdesarrollo de poder generar un salto importante y rápido en los próximos años, en la medida en que se hagan las cosas que se tengan que hacer. Si uno puede acceder a un precio lógico y razonable, integrado socialmente, a los productos que le gustan más, es muy difícil salir de ese hábito. Y si la construcción de la economía fuese en ese sentido, creo que los cambios que se generarán serán muchos.

 

¿No ocurre que muchas veces lo integrado socialmente requiere escala?

Sí, claro. Obviamente requiere escala. Justamente por eso lo digo. Como lo veo, el capitalismo empieza a resignar ganancia táctica para generar sustentación estratégica. Yo tengo que invertir parte de mi rentabilidad para expandir mi producto y mi red a un sector mucho más amplio. ¿Por qué tengo que bajar mi rentabilidad? Porque me da sustentabilidad estratégica. Hay mucha gente que ve esto. Veamos otra vez el caso de Australia y su pensamiento estratégico en materia de energía. Son capaces de subsidiar conversores de gas a energía eléctrica, aunque no sean rentables hoy, porque están mirando las reservas y están mirando la posibilidad de exportarle gas a China. Para eso tienen que generar saldos exportables y para generar saldos exportables tienen que hacer una inversión hoy. Esto puede sonar demasiado planificador de la economía y muy poco liberal. Por supuesto que sí y en buena hora. Pero tiene que ver con la sustentabilidad estratégica. Estas son las intervenciones positivas en la economía porque son las que mejoran la condición social de la gente.

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