Por Daniel Casas

Atahualpa Yupanqui dijo alguna vez que la muerte era un gran agente de promoción. Esta ironía del gran folklorista argentino les cabe a casi todas las personas que alcanzaron cierta trascendencia pública, incluidos algunos políticos, no todos. El caso más reciente fue el del expresidente de Chile Patricio Aylwin, fallecido a los 97 años el último 19 de abril.

Este cronista estaba ocasionalmente en X Región de Chile cuando se conoció la muerte del hombre que entre 1990 y 1994 condujo la transición entre la feroz dictadura de Augusto Pinochet y la democracia, imperfecta pero sólida, que transita su país desde hace 26 años. Las radios y los canales de televisión chilenos de inmediato centraron sus programaciones en la figura del exmandatario, con algunas críticas veladas, pero sobre todo con elogios.

Aylwin pronunció dos frases célebres en su extensa y controvertida carrera política. La primera fue en 1973, cuando asumió por sexta vez la conducción de la Democracia Cristiana (DC), en una entrevista que concedió a The Washington Post: “Si me dieran a elegir entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo elegiría la segunda”.

Previo a esta frase, que pusieron de relieve todas las necrológicas de los sectores de izquierda y progresistas en general, Aylwin había trabajado intensamente para frustrar un acuerdo entre la Unión Popular y la DC, que tal vez hubiera dado aire al gobierno socialista de Salvador Allende, finalmente derrocado por el golpe liderado por Pinochet el 11 de septiembre de 1973, que instaló al dictador en el palacio de La Moneda.

Aywin, coherente con esa definición, respaldó durante los primeros años, los más duros, al gobierno de facto. No lo hizo en soledad sino acompañado por gran parte de la dirigencia política chilena.

La otra frase célebre controvertida la pronunció cuando ya estaba al frente de la transición, como emergente de una coalición, la Concertación, en la que la DC y el Partido Socialista eran los socios principales. “Habrá justicia en la medida de lo posible”, dijo Aylwin respecto de los crímenes de la dictadura que comenzaban a salir a la luz.

A tono con la ola internacional de revisión de las violaciones de derechos humanos perpetrados por las dictaduras, Aylwin creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, pero no tenía margen para avanzar más que en lo gestual, que en su caso fue pedir perdón en nombre del Estado por los crímenes del régimen de facto.

En los hechos, ninguno de los países de la región logró alcanzar la altura de la vara que puso la Argentina con la decisión del presidente Raúl Alfonsín de enjuiciar a los jerarcas militares.
En Chile el modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego por Pinochet se había hecho carne, a tal punto que recién en estos días, a 26 años de la recuperación de la democracia, la presidenta Michelle Bachelet está impulsando en su segundo mandato reformas a la Constitución dictada por la dictadura en 1980.
Aylwin ganó las elecciones con 55 por ciento de los votos, tenía a Pinochet sentado en una banca de senador vitalicio y los planteos militares estaban a la orden del día. Pero además esa relación de fuerzas se mantuvo durante 20 de los 26 años de democracia.

La segunda frase polémica de Aylwin fue destacada por Bachelet al salir de la casa de su antecesor, el día de su muerte. “Él tuvo la sabiduría, la prudencia por un lado, pero también la voluntad y la decisión clara, de hacer una serie de pasos y medidas en relación a derechos humanos”, dijo la mandataria. “Chile ha perdido a un hombre que supo siempre colocar la unidad de los demócratas por sobre las diferencias y que permitió reconstruir un país democrático una vez que él asumió la Presidencia de la República; en ese sentido le debemos mucho a don Patricio”, acotó.
Tal vez en esta lectura de Bachelet esté la clave para entender las acciones de quienes tuvieron que conducir transiciones democráticas. Gobernar, y sobre todo en circunstancias de inestabilidad institucional, no es hacer lo que se quiere sino lo que se puede. Ambas cosas, lo que se quiere y lo que se puede, son materias que merecen análisis con la perspectiva que da el tiempo, pero sin olvidar aquella sentencia del filósofo español José Ortega y Gasset: “El hombre es el hombre y sus circunstancias”.

 

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