Por Daniel Casas (en La Habana)

Cuba está de moda, pero en un sentido antagónico con respecto a las razones que hicieron que esa isla estuviera en el centro de la política internacional mientras duró la Guerra Fría. Hay un auge de turismo y cientos de empresarios sondean posibilidades de negocios, alentados por el descongelamiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Algunos lo ven con preocupación. Otros, la mayoría, con esperanzas moderadas.

“Absurdo suponer que el paraíso es sólo la igualdad, las buenas leyes. El sueño se hace a mano y sin permiso, arando el porvenir con viejos bueyes”, dice una canción del máximo ícono de la Nueva Trova Cubana, Silvio Rodríguez, pero el artista y gran poeta escribió estos versos cuando aún existía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En esta época global, en que las potencias dictan las reglas, incluida China, que todavía se proclama comunista, pensar en términos del mundo bipolar es un anacronismo.

“Si la gente de Cuba tiene salud y educación aseguradas, una vivienda asignada por la que no paga renta y tampoco tiene problemas de seguridad ni de drogas, ¿por qué entonces muchos cubanos eligen irse a un lugar como Estados Unidos, donde no tendrán nada de eso?”, se pregunta el economista Omar Everleny, que me recibe en su oficina del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), que depende de la Universidad de La Habana, a 48 horas del fin de la histórica visita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

El economista no es miembro de la oposición al gobierno de Raúl Castro. Es un investigador de consulta, al punto que es autor la Ley de Inversión Extranjera vigente en Cuba, pero no se considera oficialista, tiene opiniones propias y las dice, aunque ha pagado algunos costos por esta actitud.

“Yo puedo decir lo que pienso ‒señala‒, lo cual no quiere decir que sea aceptado. He tenido muchas críticas, muchos latigazos. En Cuba la verdad no se puede decir normalmente, depende del escenario. Hay una doble moral. Aquí la polémica no se acepta. El gobierno no tiene cultura de aceptar preguntas directas de las prensa, lo has visto en la conferencia de prensa conjunta de Raúl Castro con Obama.”

“Sin embargo ‒agrega‒, desde el punto de vista académico somos consultados. Yo hice la Ley de Inversión Extranjera, que fue un documento que nos pidieron, lo aprobaron y después apareció como ley. O sea que el gobierno ha utilizado nuestros conocimientos. Pero, ¿qué hace que me tomes un trabajo para hacer una ley y luego hayas aprobado sólo ocho empresas en dos años? Eso no depende de la ley sino de la discrecionalidad y del miedo que se tiene para la aplicación de esa ley.”

No obstante, el economista destaca que desde hace cinco años, ya bajo la gestión de Raúl Castro, se han abierto muchas puertas y tal vez la principal sea la del cuentapropismo, que comenzó tímidamente y fue creciendo.

“Hace poco más de cinco años ‒explica‒ nadie se pensaba que iba a haber un bar privado. Y los hubo y fueron creciento. Primero, los paladares (restaurantes devcuentapropistas) podían tener sólo 12 sillas, luego el doble y ahora las que quieran. Además, ahora el cubano puede sacarse un pasaje para ir a Europa y no pasa nada, sin que nadie le pregunte el origen del dinero con que lo paga.”

Esos cambios, sobre todo el cuentapropismo, ¿no son hijos del período especial (a principios de los ’90, con la disolución de la URSS, en Cuba se estuvo cerca de la hambruna), cuando el gobierno tuvo que aceptar que cada uno buscara el sustento como pudiera? ‒le pregunto.

“Sí, claro; cuando tú no tienes pienso, sueltas a las gallina a comer afuera, no las tienes en tu casa”, me responde.

Entre otras cosas impensadas hace un lustro, Everleny plantea en esta conversación que Cuba necesita incorporarse al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial para acceder a líneas de crétido blando para desarrollarse y volverse competitivo, porque “no es China, que puede utilizar reglas propias”, y “tiene que superar la confusión de hacer ver a la riqueza como un mal” y alentar a los emprendedores.

“Desde el punto de vista económico, la visita de Obama es un respaldo a todo el movimiento económico que se está produciendo desde los Estados Unidos hacia Cuba. Independientemente de las ideologías, el capital es capital y Cuba tiene una situación económica muy difícil, que no puede resolver por sí misma”, afirma Everleny.

Pero además destaca que la visita del jefe de la Casa Blanca es un aliciente para inversores de otros países, que no ven probable que la administración Obama aplique las sanciones que prevé el bloqueo económico y comercial que Washington impuso hace más de medio siglo, aunque esa norma, algo vaciada de contenido, siga vigente.

“De hecho, Obama ha sido muy claro al señalarles a los empresarios que no esperen a que él tome medidas, sino que exploren opciones de negocios, que negocien y le propongan líneas de acción”, se entusiasma el economista, que no reniega de los logros del socialismo, como la educación y la salud universal, e incluso reclama que Estados Unidos no financie a grupos opositores y abandone el enclave de Guantánamo, pero a la vez reclama un cambio de mentalidad a su propio país.

Obama visitó la isla y produjo un impacto distinto pero complementario del que produjeron días después los Rollings Stones, la legendaria banda inglesa que impactó a medio millon de cubanos que asistieron a su show para escucharlos por primera vez en vivo y ver en directo un espectáculo de primer nivel internacional. Una ventana se ha abierto y será difícil volver a cerrarla.

 

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