Por Aníbal Gutiérrez

Hace pocos meses la Fundación Konrad-Adenauer y la consultora Polilat hicieron pública la decimocuarta edición del Índice de Desarrollo Democrático de América Latina que ambas realizan desde 2002. Del análisis del informe surge que siguen existiendo las falencias estructurales que caracterizan a la democracia latinoamericana y que la dirigencia política de nuestros países no ha demostrado aún que cuenta con la capacidad necesaria para resolver de manera definitiva los problemas de los ciudadanos.

El informe evalúa cuatro dimensiones del desarrollo democrático regional:

  1. Democracia de los ciudadanos. Evalúa el respeto por los derechos políticos y las libertades civiles.
  2. Democracia de las instituciones. Mide la calidad institucional y la eficiencia del sistema político.
  3. Democracia social y humana. Analiza la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren bienestar y desarrollo humano.
  4. Democracia económica. Pondera la capacidad del sistema democrático para generar políticas que aseguren eficiencia económica.

Desde que se empezó a construir este índice siempre fueron los mismos tres países los que se mantuvieron en lo más alto de la tabla: Uruguay, Chile y Costa Rica. Mientras tanto, Guatemala y Venezuela se mantuvieron en los últimos lugares en la mayoría de las mediciones.

Algunos aspectos que llaman la atención positivamente del informe son que los valores que miden la democracia ciudadana muestran un crecimiento respecto del año anterior principalmente por los indicadores que reflejan la participación de género en los poderes públicos.

Como contrapartida debe resaltarse como preocupante que los 18 países analizados tienen como asignatura pendiente lograr un desarrollo democrático de las variables de accountability y que la dimensión que evalúa la capacidad para generar políticas que aseguren bienestar a los ciudadanos mantiene una tendencia negativa que lleva cuatro años.

Vemos entonces que nuestra región crece levemente en el respeto de los derechos de los ciudadanos y en la calidad formal de sus instituciones, mientras cae en los indicadores que se vinculan a la eficiencia del Estado para permitir un verdadero desarrollo social y económico de los ciudadanos.

Trabajos de este tipo son fundamentales para que los líderes regionales los analicen y miren por qué sus países se encuentran en los lugares en los que aparecen y qué es lo que hacen otros para estar en mejor situación.

Instituciones públicas cercanas a la gente, educación de calidad, respeto por los derechos humanos, combate permanente contra la corrupción pública, respeto y fomento de las inversiones privadas que generan bienestar y empleo, y justicia independiente son algunas de las variables que identifican a los países más desarrollados de la región. En definitiva, lo que tienen es más y mejor democracia.

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