Por Aníbal Gutiérrez

Fue una auténtica líder social. Era pensamiento y acción al frente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).

Fue la voz que sacó de los libros de texto y trajo hasta la actualidad la realidad que vive el pueblo lenca en el oeste de Honduras, la más pobre y violenta de ese país.

Era una mujer reconocida internacionalmente por su oposición sin dobleces a los proyectos de “desarrollo” que no consultaban a las comunidades.

Así fue como su lucha contra los proyectos de construcción de hidroeléctricas y minería le acarreó la oposición de aquellos que no están acostumbrados a tener inconvenientes para poner en marcha lo que deciden.

En el año 2011 el río Gualcarque, sagrado para el pueblo lenca, fue entregado para la construcción de una represa hidroeléctrica. Para esa obra se asociaron una constructora hondureña, perteneciente a una prominente familia local, con una empresa china y organismos internacionales y regionales de crédito.

La oposición encabezada por Berta fue frontal, y la agudización del conflicto provocó la muerte de tres indígenas de la zona, así como múltiples amenazas para su persona.

A pesar de esto el proyecto siguió andando, y la oposición indígena también. En una protesta en una carretera el pasado 20 de febrero fue amenazada por última vez. La paciencia parece que se iba acabando y las medidas de protección ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no alcanzarían.

La noche del miércoles 2 de marzo hombres armados entraron en la casa de Berta. La mataron de cuatro tiros, y así apagaron la voz que durante más de 20 años gritó por los derechos de su pueblo, de las mujeres y el respeto por el medio ambiente. La seguridad que el Estado estaba obligado a brindarle no estaba presente.

La situación de violencia e impunidad en Honduras es insostenible, y el uso ilegítimo de la fuerza por los organismos de seguridad en complicidad con estructuras de crimen organizado cada vez más frecuente.

Es por esto que hace pocas semanas la OEA firmó un acuerdo para la instalación de una Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) que tiene por objeto colaborar con la justicia local en la investigación de casos “emblemáticos” y de “alto impacto”. Este debería ser el primer caso a abordar por el ente internacional. La sociedad hondureña, y sobretodo Berta, lo merecen.

El año pasado, al recibir un importante premio internacional por su lucha en la defensa del medio ambiente dijo que el pueblo lenca era custodio ancestral de los ríos y que dar la vida por la defensa de los ríos era dar la vida por el bien de la humanidad.

Fue una auténtica defensora de su pueblo, de esas que solo se defendían con su voz y que nunca pudo ser comprada ni por el dinero de las grandes empresas, ni por el del Estado.

Un verdadero ejemplo a seguir.

 

 

 

Anuncios