Por Daniel Casas (publicada en Gaceta Mercantil el 28/10/12)

El narcotráfico es una ecuación irresuelta para los gobiernos del mundo en general y para los de América Latina, en cuanto región productora, en particular. Por eso el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, viene remando contra la corriente, por ahora casi en soledad, y plantea un cambio de estrategia ante el evidente fracaso de las políticas de los Estados para frenar al negocio ilegal más grande y rentable del planeta.

En febrero de este año el mandatario guatemalteco lanzó una propuesta para despenalizar el tráfico, comercialización y consumo de drogas, pero, tal vez conciente del escaso impacto que su idea alcanzó entre los países más involucrados en esta problemática, cuando a principios de octubre participó de la Asamblea General de las Naciones Unidas presentó una estrategia más moderada.

El último 2 de octubre el mandatario guatemalteco planteó ante la ONU “buscar nuevos paradigmas para luchar contra el narcotráfico, unificar esfuerzos para luchar contra el crimen transnacional”, y pidió al organismo involucrarse en investigaciones sobre las nuevas alternativas de combate.

Ese mismo día Guatemala, México y Colombia, los tres países más comprometidos por el accionar de organizaciones criminales, pidieron formalmente a la ONU, por medio de una carta dirigida al titular del organismo, Ban Ki Moon, que asuma el liderazgo de una revisión “inaplazable” de la estrategia global antidrogas.

Naturalmente, aún no hubo respuesta de parte del organismo internacional y es muy probable que no la haya. Las razones pueden ser múltiples, pero algunos datos estadísticos son útiles para dimensionar el problema.

El narcotráfico, de acuerdo a estadísticas oficiales de la oficina antidrogas de los Estados Unidos, la DEA, mueve anualmente más de 500.000 millones de dólares. Ese dinero, según ha admitido la secretaria de Estado, Hilary Clinton, tiene un peso insoslayable en la economía estadounidense e, indirectamente, en la economía de todos los países involucrados. Estados Unidos es el principal mercado para la droga que se produce en América Latina.

En México, que está totalmente estragado por el acciones de los cárteles de la droga, los decomisos realizador por el gobierno federal alcanzan un valor de 6.670.533.000 de dólares, más de 11 mil armas aseguradas y más de 13.200 vehículos terrestres incautados. Pero el costo en vidas humanas en la guerra abierta que le declaró el presidente Felipe Calderón a estas organizaciones delicitivas suma en últimos cuatro años más de 50.000 muertos.

Sólo en 2011 hubo 12.903 muertes por ejecución o enfrentamientos entre bandas del crimen organizado y del narcotráfico, de acuerdo con estadísticas publicadas por la Procuraduría General de la República (PGR).

El narcotráfico en México lava unos 10.000 millones de dólares al año, según un estudio de la Cámara de Diputados que recoge cifras de las autoridades mexicanas y estadounidenses. Un 90 por cuento de las ganancias ilícitas se lavan en Estados Unidos y una tercera parte de los ingresos que generan los cárteles en México se reincorporan a la economía formal.

En Colombia, el narcotráfico genera un flujo de dinero de alrededor de 18.000 millones de dólares. Esto representa aproximadamente el 50% del PIB.

Un informe de la revista “Time” indica que Colombia produce 185 toneladas métricas de cocaína, y que el 61 por ciento tiene como destino Estados Unidos y el restante 39 a Europa. Además, provee del 65 por ciento de la heroína que consumen actualmente los estadounidenses.

Pero el consumo de drogas, en una infinita gama de opciones, va mucho más allá de los Estados Unidos. Entre el 3,5% y el 6,6% de la población mundial consume algún tipo de droga. Esto quiere decir que alrededor de 350 millones de personas lo hacen, aunque sólo el 13% tiene un problema de dependencia.

La gran mayoría de la droga que se trafica en Norteamérica -el mercado más grande a nivel mundial-, es producida en Colombia y México. Otros productores son Bolivia, Paraguay y Brasil, pero hay otros países, como Argentina, que en los últimos años han pasado de ser lugares de triangulación para la droga que entre a Europa, entre otros destinos, a ser un creciente problema no sólo por el incremento del consumo sino porque hay cada vez más ramificaciones locales de los cárteles de la droga.

Un mercado interno en alza, estructuras legales y de control débiles hacen de este país un lugar todavía seguro para que vivan ocultos personajes muy buscados son el caldo de cultivo para este crecimiento de las estructuras del narcotráfico, que tiene un altísimo poder corruptos y que no reconoce fronteras.

La discusión que plantea Pérez Molina con la despenalización apunta a romper el negocio de la droga que, como se ve, toca muchos intereses y mueve demasiados engranajes económicos en demasiados países. Justamente por eso es necesario comenzar a abordar el tema de la despenalización cuanto antes. Los números del negocio cierran, lo que no cierran son las políticas que aplican los Estados.

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