Por Alejandro J. Lomuto

El 4/5/2015 entrevisté mano a mano al secretario general de la Unasur, el expresidente colombiano Ernesto Samper, quien estaba de visita en Buenos Aires. Una breve síntesis de esa charla fue publicada ese mismo día en un despacho de la agencia de noticias Télam. El siguiente es un extracto, hasta ahora inédito, de la desgrabación completa y textual de esa conversación:

¿Qué opinión tiene acerca del proceso de paz en Colombia? ¿Cree que el diálogo con las FARC llegará a buen puerto, pese a los aparentes retrocesos recientes en relación con el cese del fuego? ¿Cree que será posible iniciar pronto negociaciones similares con el ELN?

Primero, creo que el proceso va dentro de la lógica en que fue pactado. Todos estos procesos tienden a volverse complejos y difíciles en el momento de llegar al punto de fondo, que es el punto del desescalamiento militar. Cuando ya las conversaciones no giran alrededor de las tierras o de los cultivos ilícitos o aun de las víctimas, sino que giran en torno de la desmovilización de los insurgentes, a su protección jurídica, a la entrega de las armas, a la supervivencia de ellos mismos y a su participación política, cuando se llega a eso es que el proceso está al final, y estamos en esa etapa. Por supuesto que yo menciono tres falencias del proceso, que creo que han sido y van a ser difíciles en esta última etapa. La primera, que no se haya celebrado un acuerdo de mínimos humanitarios desde el comienzo. Si nosotros hace dos años hubiéramos pactado unos mínimos humanitarios, cuando comenzaron las negociaciones, para sacar a los niños del conflicto, para evitar los bombardeos no selectivos, para evitar la utilización de explosivos que hagan daño, para liberar las escuelas y los hospitales del conflicto, para sacarlos del conflicto, creo que no estaríamos hoy reclamando como está reclamando la opinión, con razón, y es que seguimos sacrificando población civil inocente. El segundo tema tiene que ver con la participación de la sociedad civil. Creo que este ha sido un proceso muy austero, casi que avaro, en materia de participación de la sociedad civil, y creo que esto va a dificultar la misma permanencia del proceso. Las cifras internacionales muestran que a mayor participación de la sociedad civil durante los procesos de negociación se asegura más la permanencia de los procesos hacia adelante, y creo que este es un tema que vamos a tener que sufrir hacia adelante. Y, finalmente, está el tema que usted mencionaba del ELN. A mí me parece que es un error que no se haya abierto una mesa simultánea con el ELN, porque de alguna manera esto va a fortalecer el poder de negociación con el ELN y de alguna manera le va a dar un respiro en las áreas de combate que puedan ir abandonando las FARC.

 

¿Qué opinión tiene acerca del proceso que han iniciado Cuba y Estados Unidos? ¿Cómo imagina la evolución política y económica de Cuba en los próximos cinco años? ¿Qué influencia puede tener ese proceso en la región?

Nosotros celebramos estos avances que se han dado. El regreso de Cuba a la familia interamericana es una magnífica noticia. Y ojalá que esa buena noticia esté acompañada de un replanteamiento de las relaciones hemisféricas de Estados Unidos con América latina. Y lástima que ese proceso haya coincidido con el distanciamiento de Venezuela, porque para nosotros es inaceptable que por una puerta entre Cuba y por otra traten de sacar a Venezuela. Ahora, cómo se va a concretar eso hacia el futuro, sin tratar de ser aguafiestas, mientras no se solucione el problema de Guantánamo y el embargo de Cuba, que es lo que ha llevado a este distanciamiento, no se puede cantar victoria.

 

A pesar de los esfuerzos realizados por la Unasur en Venezuela, hasta ahora no ha sido posible que se reanudara el diálogo entre el gobierno y la oposición, ni fueron convocadas todavía las elecciones parlamentarias mientras los tiempos para poner en marcha el cronograma electoral son cada vez más estrechos. Paralelamente, el clima de crispación no parece ceder, si consideramos la detención del alcalde Ledezma y los recientes roces del gobierno con Estados Unidos, España y Fedecámaras. ¿Cree que aún es posible una evolución legal y pacífica de la situación?

Este tipo de respuesta tiene que ser no solamente con la convicción sino también con el deseo. Nuestro objetivo como Unasur es que se mantenga la continuidad democrática en Venezuela, que en este momento representa el presidente Maduro. Que haya elecciones, efectivamente, tal como deben ser convocadas, para renovar el parlamento a partir del 5 de enero, según lo dispone la Constitución, y que esas elecciones estén rodeadas de todas las garantías para que las personas que se presenten puedan realmente ser consideradas como opciones por los ciudadanos. La posición de Unasur no ha sido fácil. A veces es mucho más fácil el escándalo mediático, el tomar partido abiertamente. Nosotros no tenemos ni tomamos partido. O, bueno, sí tenemos y tomamos partido por la democracia, a favor de la paz en Venezuela. Estamos acompañando al gobierno en sus esfuerzos por mejorar las condiciones económicas que hoy están atravesando los venezolanos. Hay una clara solidaridad, como se expresó en la última reunión de Quito, con el gobierno de Venezuela de frente a las agresiones o cualquier forma de injerencia externa, y ahí vamos. A veces son papeles un poco incomprendidos pero son los que finalmente sacan los países adelante.

 

Tras la recuperación de la democracia en la década de los 80 vino en los 90 una ola de apertura de las economías que en varios de los países de la región no dio los resultados esperados o, según algunas opiniones, no se esperó lo suficiente esos resultados. Como sea, en lo que va del siglo XXI tenemos países que no han abandonado del todo el modelo de los 90 (Chile, Colombia y Perú, por ejemplo), otros que salieron de él pero no traumáticamente (Brasil y Uruguay) y otros que lo hicieron más drásticamente (la Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela). Las dificultades políticas y económicas que, con todos sus matices, muestran hoy la Argentina, Brasil y Venezuela, ¿puede hacernos pensar en la búsqueda de un nuevo modelo, acaso intermedio o mixto entre el aperturista de los 90 y el populista de los últimos años? Y si así fuera, ¿qué características tendría ese modelo?

Como profesor de Desarrollo Económico que he sido, invoco esta experiencia. Sé que el principal problema de los modelos es que los terminen volviendo arquetipos. Yo creo que los modelos son procesos. Procesos de construcción que se van dando con cierta flexibilidad a medida que se acomoden a los acontecimientos. Noto tendencias dentro de lo que podríamos llamar la conformación paulatina de un nuevo modelo dentro de la región suramericana. Y menciono, pues, estos temas de los cuales ya hablábamos. Hay un claro propósito, o por lo menos hay una conciencia, de que el tema de la exclusión debe ser el referente fundamental del modelo, lo cual ha llevado a todos los países a buscar programas de focalización, mejoramiento de las condiciones de pobreza. Creo que sería importante ayudar a ese propósito a través de fondos de solidaridad como los que existieron en Europa para reducir las desigualdades. No es fácil que cada país asuma la lucha contra la pobreza sin tener algún apoyo, y ahí es donde entra el concepto de solidaridad, de que unos, los que tengan más, ayuden a los que tengan menos. Segundo, también veo una tendencia a mirar hacia adentro de la región. Los niveles de comercio intrarregional son realmente ridículos, niveles de 18 por ciento de comercio intrarregional, mientras hay regiones como Europa donde es 67 por ciento. Entonces, creo que la gente se está dando cuenta de que adentro sí hay posibilidades de que pueden crecer las multilatinas, las inversiones que se dan dentro de América latina, de que nos están sirviendo las remesas que nos están enviando de afuera y que hay que canalizarlas constructivamente, de que tenemos que montarnos en el tema de cadenas de valor si no queremos seguir exportando simplemente la riqueza. Entonces, creo que eso son tendencias que registro favorablemente y que están como conformando un modelo. Después lo bautizamos ideológicamente, pero allí veo unas coincidencias fundamentales.

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